La soberanía energética en el centro de la estrategia nacional
En un escenario global caracterizado por la volatilidad y las tensiones geopolíticas, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, ha situado la autosuficiencia energética como un componente fundamental e indisociable de la soberanía nacional. Esta declaración fue realizada durante una supervisión a la Refinería Miguel Hidalgo, ubicada en Tula, Hidalgo, un complejo industrial emblemático para la producción de hidrocarburos en el país. La mandataria enfatizó que, en el contexto internacional actual, es crucial que la nación fortalezca su capacidad para generar los combustibles que requiere su desarrollo, avanzando no solo en petrolíferos como gasolina y diésel, sino también en la producción de gas natural.
Este posicionamiento adquiere una relevancia analítica particular al considerar eventos recientes en el ámbito internacional que subrayan la interdependencia y los riesgos en el mercado global de energéticos. La intervención de potencias extranjeras en regiones ricas en recursos naturales refuerza, desde la perspectiva gubernamental, la necesidad de una estrategia doméstica robusta y menos expuesta a factores externos. En este marco, Sheinbaum defendió de manera enfática el carácter público y estratégico de las dos grandes empresas del sector: Petróleos Mexicanos (Pemex) y la Comisión Federal de Electricidad (CFE).
El cambio de paradigma legal y operativo
Uno de los ejes centrales de la exposición presidencial fue el detalle de las modificaciones legales implementadas en los últimos años. La transformación más significativa, según la explicación técnica ofrecida, fue la reforma al artículo 28 de la Constitución Política. Este cambio permitió que Pemex y la CFE dejaran de ser catalogadas como monopolios, una figura que, según el análisis presentado, limitaba su capacidad de expansión y producción. “Este ajuste constitucional transformó de fondo la dinámica del sector energético”, señaló Sheinbaum, permitiendo revertir aspectos sustantivos de la reforma energética de 2013 y devolviendo a ambas entidades su naturaleza de empresas públicas integrales.
La implementación de este nuevo marco normativo tuvo consecuencias operativas directas. Pemex, por ejemplo, fue reintegrado verticalmente, superando un modelo de fragmentación en múltiples subsidiarias con consejos de administración independientes. En la actualidad, tanto Pemex como la CFE operan bajo un único consejo de administración, una estructura que, según la visión gubernamental, ha facilitado un control más centralizado, incrementado la productividad, potenciado el desarrollo de proyectos y permitido una estrategia más efectiva para combatir prácticas de corrupción al interior de las corporaciones.
La operación de la Refinería de Tula se presentó como un caso de estudio de este nuevo modelo. La mandataria argumentó que su producción continua demuestra la capacidad de Pemex para priorizar la manufactura de petrolíferos sobre la simple exportación de crudo, un cambio de modelo que busca cerrar el ciclo productivo dentro del territorio nacional. “Se recupera algo esencial: la capacidad de México de producir su propia gasolina, diésel y turbosina para su desarrollo interno”, apuntó.
Capacidad productiva y perspectivas de futuro
En términos de capacidad instalada y resultados tangibles, se ofrecieron datos concretos. Pemex opera en la actualidad ocho refinerías: las seis históricas del país, la nueva refinería Olmeca en Dos Bocas, y la planta de Deer Park en Texas, esta última ya en plena propiedad del Estado mexicano. El conjunto de estas instalaciones reporta una producción total que supera el millón de barriles diarios de petrolíferos, un volumen que no se alcanzaba desde hace dos décadas. Se destacó especialmente el aporte de Dos Bocas, que ya produce aproximadamente 320 mil barriles diarios.
Además del volumen, se subrayaron avances tecnológicos y ambientales. La modernización de la Refinería de Tula, que incluyó la puesta en marcha de una unidad coquizadora, permite la producción de gasolinas con un menor contenido de azufre, lo que se traduce en combustibles más limpios y en una reducción de los impactos negativos asociados a la salud pública y al medio ambiente. La visita fue enmarcada también como un reconocimiento histórico a la visión del ex presidente Lázaro Cárdenas y al trabajo diario de las y los trabajadores petroleros, considerados actores clave en la recuperación operativa y simbólica de la empresa paraestatal.
El discurso técnico y analítico de la presidenta Sheinbaum construye una narrativa clara: la soberanía nacional está intrínsecamente ligada al control estatal sobre la generación de energía. Las reformas legales, la reestructuración corporativa y las inversiones en infraestructura se presentan como los pilares interconectados de una política de Estado diseñada para reducir la vulnerabilidad externa y garantizar el suministro interno, definiendo así un camino hacia una mayor independencia en materia de hidrocarburos y electricidad.
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