La ironía de un destino cruel
Ah, las redes sociales. Esos álbumes digitales donde todos fingimos tener vidas perfectas. Pero en el caso de Berenice Giles Rivera y Miguel Ángel Rojas Hernández, sus cuentas de Instagram eran algo más: un testimonio de su talento como fotógrafos. Porque, claro, ¿qué mejor manera de inmortalizar tu carrera que con filtros y hashtags?
Sus perfiles estaban repletos de imágenes de bandas (sí, esas que suenan fuerte y hacen vibrar a los millennials), retratos de músicos famosos y otros que, digámoslo, probablemente solo sus madres reconocían. Aunque ambos eran estudiantes de la Licenciatura en Comunicación y Periodismo en la FES Aragón (porque, obvio, en México todos estudiamos algo relacionado con medios), ya tenían un portafolio más extenso que la paciencia de un profesor en época de exámenes.
El arte de congelar momentos… y la vida
Raúl Giles, padre de Berenice, comentó con orgullo: “Me sorprendía cómo capturaba las imágenes de las personas que hacían su performance“. Qué bonito, ¿no? Hasta que la vida decidió congelar sus propias existencias en el peor momento posible. Miguel Ángel, de 26 años, estaba a punto de terminar su servicio social (esa maravillosa tradición académica donde trabajas gratis y te dicen que es por “experiencia”). Según su padre, “era reservado, pero muy apasionado“. Vaya, justo el tipo de persona que el mundo necesita… para luego arrebatárnosla.
Berenice, de 28 años, acababa de terminar un diplomado (porque en este país, un título no basta, hay que acumular certificados como si fueran stickers). Su última sesión fue el sábado, justo antes de ir al Festival Axe Ceremonia, donde una estructura ornamental pensó: “Hoy no tengo ganas de seguir en pie”. Y así, aplastó los sueños de dos jóvenes que solo querían tomar fotos y, de paso, salvar animales.
Veganismo, gatos callejeros y otras causas perdidas
Porque, oh sorpresa, además de ser talentosos, estos dos eran de esos veganos que te hacen sentir culpable por comer una hamburguesa. Berenice “protegía mucho a los animales“, según su padre. Miguel Ángel, por su parte, rescató tres gatos y cuatro perros (porque nada dice “soy un alma bondadosa” como convertir tu casa en un zoológico improvisado). Su padre lo resumió así: “Para él no eran mascotas, eran parte de la familia“. Hermoso, hasta que recuerdas que la vida es una comedia negra.
Ahora, los deudos se preparan para los sepelios (uno en Iztapalapa, otro en la Cuauhtémoc, porque hasta en la muerte hay diferencias de código postal). Berenice será llevada a Aguascalientes, donde seguramente la recibirán con música de banda y un cartel de “Aquí descansa una joven que no merecía esto”.
¿Moraleja? La vida es absurda, el destino es un bromista pesado y, a veces, las estructuras de los festivales tienen peor suerte que los músicos que tocan en ellos.
¿Qué puedes hacer tú? Comparte esta historia en tus redes sociales (con el hashtag #JusticiaParaBereniceYMiguel, porque los hashtags lo cambian todo, ¿verdad?). Y si quieres honrar su memoria, adopta un perro, hazte vegano o, al menos, no te pares debajo de estructuras sospechosas en conciertos.




