Nacional
El Kentucky Club y la eterna disputa por la margarita perfecta
En la frontera más tensa, un bar legendario resiste con su receta disputada y su espíritu indomable.
Un Oasis de Ironía en un Desierto de Absurdos Fronterizos
Desde la acera, el Kentucky Club se presenta con la modestia fingida de un actor de telenovela que interpreta a un humilde campesino, pero que se retoca el bigote entre toma y toma. Parece el típico antro fronterizo, uno de esos que juran haber inventado algo genial, como la rueda o la paciencia. Pero oh, sorpresa, al traspasar su umbral te das cuenta de que has entrado en el sanctasanctórum de una de las disputas etílicas más sabrosas de la historia: la cuna de la margarita. O eso dicen ellos, porque en esto de los orígenes de los cócteles, todo el mundo miente más que un político en campaña.
Este templo de la tequila, enclavado en el corazón de la bulliciosa Ciudad Juárez, es el último mohicano de una era dorada de bares fronterizos que, supuestamente, fueron el Silicon Valley de la mixología mexicana. Porque, seamos sinceros, ¿qué sería de la cultura sin esos lugares que afirman con una sonrisa pícara ser los auténticos inventores de la ensalada César o del Surf and Turf? Es el sueño húmedo de todo negocio: pasar a la historia no por lo que vendes, sino por la leyenda que te inventas. Y el Kentucky Club juega en esa liga mayor, con una soberbia que merece una ovación.
¿La Margarita Original? Quizás. ¿La Mejor Historia? Sin Duda
Mientras las tensiones geopolíticas entre Estados Unidos y México suben y bajan como el mercurio en un termómetro averiado, este bar se erige como un faro de esperanza… o al menos de buen tequila. Se ha convertido en el único sobreviviente de una extinta raza de establecimientos que prometían aventura y camaradería en partes iguales, un lugar donde, al parecer, los problemas bilaterales se solucionan con un trago y una rodaja de lima. ¿Disputas arancelarias? Una margarita. ¿Muros fronterizos? Dos margaritas. Es una filosofía diplomática que, quién sabe, quizás deberían adoptar en la ONU.
El barman Teodoro Morales, con la sabiduría de quien ha visto derretirse más hielo que un iceberg en el Sahara, comenta con una ironía deliciosa que cada vez vienen más personas del otro lado de la frontera a celebrar las fiestas patrias mexicanas. Claro, porque nada grita “¡Viva México!” como una turista de Dallas buscando desesperadamente la margarita perfecta con la selfi perfecta. La curiosidad, al parecer, es el motor del turismo binacional.
La pareja formada por Stephanie Brancher y Scott Bernardi, llegados desde Texas, ejemplifica a la perfección esta peregrinación etílica. Bernardi declara, con el entusiasmo de quien acaba de descubrir la electricidad, que es un lugar “precioso, precioso, maravilloso”. Brancher, por su parte, lanza la pregunta del millón: “Ellos inventaron la margarita, ¿no?”. La sonrisa lo dice todo. Les importa un bledo la veracidad histórica; lo que compran es el sueño, la anécdota para contar en la próxima cena. ¿Es el Kentucky Club el verdadero inventor? Probablemente tanto como yo soy el heredero al trono de España, pero qué más da cuando la leyenda es tan sabrosa como el cóctel.
Rich Wright, un guía de El Paso, lo resume con una poeticidad que corta el aliento: “El Kentucky Club tiene alma… puedes sentir todas las bebidas derramadas sobre la barra”. Una declaración preciosa, y un poco asquerosa si lo piensas demasiado. ¿Cuántos gérmenes de cuántas décadas habitan esa madera? Mejor no ahondar y simplemente brindar por la historia, esa narradora mentirosa pero divertidísima.
Survival of the Tipsiest: Cómo Sobrevivir a Prohibiciones, Violencia y Mal Gusto
El bar debe su existencia a la gloriosa era de la Ley Seca en Estados Unidos, ese experimento social que demostró que prohibir algo solo hace que la gente lo desee más, lo compre en el mercado negro y se emborrache de manera mucho más interesante. Cuando el bourbon de Kentucky se volvió ilegal al norte del Río Bravo, los estadounidenses sedientos supieron que aquí, a pocos pasos del puente internacional Paso del Norte, encontrarían su elixir prohibido. El negocio era tan redondo que una destilería se mudó temporalmente a Juárez. Imagínense la escena: ejecutivos trajeados cruzando la frontera con maletas llenas de whiskey, como una comedia de enredos de los hermanos Marx.
Pero la fiesta, como siempre, se acabó. Los atentados del 11-S convirtieron los cruces fronterizos en un suplicio kafkiano, donde la paciencia era el principal requisito documental. Luego, la ola de violencia narca de los 2000 puso la guinda en este pastel envenenado. Los cárteles, siempre tan solícitos, empezaron a “ofrecer” sus servicios de protección a los dueños de los bares. Nada como una extorsión para matar el ambiente de un happy hour. Es un milagro que el Kentucky Club siguiera en pie, un testamento no solo de la terquedad humana, sino también de nuestra necesidad colectiva de beber en lugares con fotografías granuladas de estrellas de cine.
Hoy, sus paredes son un museo de la nostalgia, decoradas con iconos como María Félix, Jorge Negrete, Marilyn Monroe y Mick Jagger. Una colección ecléctica que sugiere que el dueño original simplemente pegaba cualquier foto que le parecía guapa. Pero funciona. Es el ambiente binacional perfecto: un surrealista crisol donde el cine de oro mexicano se codea con el rock anglosajón, uniendo culturas a base de alcohol y frames por segundo.
Así que, la próxima vez que la geopolítica le dé ansiedad, ya sabe. Cruce la frontera (con su pasaporte en regla, no somos animales), siéntese en la barra del Kentucky Club y pida una margarita. No porque sea necesariamente la primera, sino porque es la que sobrevivió a todo para contarte la mejor historia.
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Nacional
Trump dice que seguirá en contacto con Machado
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó este viernes que planea mantener el contacto con la líder opositora venezolana, María Corina Machado.
Tras su encuentro del jueves en la Casa Blanca, Trump declaró que se trata de una mujer a la que “respeta mucho”. En esa reunión, Machado señaló que le transmitió al mandatario estadounidense que “hoy más del 90% de los venezolanos queremos lo mismo: vivir con libertad, dignidad y justicia”.
Los detalles del encuentro entre Trump y Machado
“Fue un gran honor para mí conocer a María Corina Machado, de Venezuela”, escribió Trump en una publicación en Truth Social. “María me presentó su Premio Nobel de la Paz por el trabajo que he realizado. Un gesto maravilloso de respeto mutuo”.
Nacional
Un triste hallazgo en la colonia que duerme entre calles con nombres festivos
El hallazgo de un cuerpo en la calle 23 de diciembre desató el protocolo habitual: cinta amarilla, curiosos y muchas preguntas sin respuesta.
La muerte llama a la puerta en la calle 23 de diciembre
Ah, la colonia 15 de enero. Un lugar tan festivo que incluso sus calles llevan nombres de fechas célebres. Pero ayer, en la calle 23 de diciembre, el regalo anticipado fue bastante más macabro: el cuerpo sin vida de un hombre. Porque nada dice “espíritu navideño” como encontrar a alguien que ya no respira sobre un colchón en la vía pública.
Los vecinos, esos héroes anónimos del cotilleo barrial, fueron los primeros en notar que algo andaba mal. Su radar de chismes se activó cuando vieron que el individuo en situación de calle que usualmente dormía allí llevaba demasiado tiempo quieto. ¿Estará profundamente dormido o profundamente muerto?, debieron preguntarse. Ante la duda, y demostrando una eficacia envidiable, optaron por lo más sensato: marcar al 911. Más vale prevenir que lamentar, ¿no?
Vecinos del lugar refieren que el hoy occiso es un individuo en situación de calle que comúnmente dormía en esta calle, por lo que se les hizo extraño ver que no se movía.
Así comenzó el circo. Llegaron los paramédicos de la Cruz Roja, confirmaron lo obvio —que efectivamente, estaba muerto— y dieron parte a las autoridades. Porque ese es el protocolo: tú encuentras el cuerpo, nosotros constatamos que es un cuerpo, y luego llamamos a los que se encargarán del cuerpo. Una cadena de mando perfectamente aceitada para gestionar la tragedia.
El despliegue oficial ante lo inevitable
No podían faltar. Los elementos de la Guardia Estatal y la Fiscalía General arribaron al sitio con esa mezcla de solemnidad y rutina que caracteriza estos eventos. Su misión: acordonar el área con esa cinta amarilla que tanto nos fascina y realizar las “indagatorias pertinentes”. ¿Pertinentes para qué? Para determinar, supongo, que un hombre sin hogar fue encontrado muerto en la calle donde solía dormir. Un misterio digno de Sherlock Holmes.
La calle fue cerrada. El tráfico, desviado. Todo debe detenerse mientras se realiza el levantamiento del cadáver y la necropsia de ley. Porque la burocracia de la muerte es implacable: formularios, procedimientos, esperas. Se estima que el cierre durará “un par de horas”, aunque todos sabemos que ese “par” puede estirarse más que un chicle pegado en el pavimento.
Y mientras tanto, ¿qué sabemos? Poco. Que era un hombre. Que aparentemente tenía lesiones en su cuerpo. ¿De qué tipo? No se especifica. Podrían ser desde moretones hasta señales de algo más siniestro. El comunicado oficial es tan vago que da pie a toda clase de especulaciones innecesarias y morbosas. ¿Se cayó? ¿Lo empujaron? ¿Le dio un patatús después de una cena cuestionable recuperada de un contenedor? El silencio oficial es el mejor aliado de la imaginación popular.
Lo más irónico del asunto es el escenario: una colonia llamada 15 de enero, una calle llamada 23 de diciembre. La muerte no respeta calendarios ni nomenclaturas festivas. Se instala donde quiere, incluso entre calles cuyo nombre evoca regalos y propósitos de año nuevo.
Al final del día, queda una pregunta flotando en el aire cargado de indiferencia urbana: ¿cuántas personas deben morir en el anonimato antes de que su paseo sea algo más que una nota policial breve? Hoy fue un hombre sin nombre en la calle 23 de diciembre. Mañana podría ser cualquiera.
¿Esta nota te hizo reflexionar (o por lo menos arquear una ceja)? Compártela con ese amigo al que le gusta comentar las noticias con un tono igualmente cáustico. Y si te interesa estar al tanto del pulso real –y a menudo absurdo– de la ciudad, explora más contenido como este.
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Diplomacia vaticana: reunión clave mientras la visita papal flota en el aire
El embajador en El Vaticano se reúne con Segob mientras la invitación al papa sigue en el limbo. ¿Visita papal o eterna espera?
La diplomacia mexicana con el Vaticano: mucho protocolo, poca confirmación y un papa en standby
Ahí va la cosa. Este martes, Alberto Barranco Chavarría, nuestro embajador ante la Santa Sede –sí, ese puesto existe y alguien lo tiene–, se sentó con Rosa Icela Rodríguez de Gobernación y Clara Luz Flores de Asuntos Religiosos. La agenda: revisar los asuntos bilaterales. O sea, la relación México-Vaticano, que suena a trama secundaria de una serie política pero aparentemente es importante.
“Siempre respetuosa y constructiva”, dijo Rodríguez sobre la reunión.
Traducción millennial: “Nos llevamos bien, no hubo drama, pero tampoco anunciamos nada espectacular”. Es el equivalente diplomático a poner “✨” en una historia de Instagram.
Pero hablemos de lo que todos queremos saber: ¿Y el papa? ¿Cuándo viene? Porque resulta que la presidenta Claudia Sheinbaum ya le extendió la invitación a León XIV –no confundir con los reyes franceses del pasado– durante una llamada por el Día de la Virgen de Guadalupe. Un movimiento clásico. El problema es que, desde entonces, la confirmación brilla por su ausencia.
El eterno ‘tal vez’ de la visita papal
La semana pasada, Barranco Chavarría estuvo por México para una reunión de embajadores y dejó caer esta perla:
“No hay todavía una respuesta”, dijo el embajador sobre la posible visita.
O sea, ni sí ni no, sino todo lo contrario. El Vaticano tiene a México en “visto”, como ese mensaje importante que nunca contestas. Sheinbaum misma comentó el 15 de diciembre que aún no había fecha. Así que seguimos en modo espera, con la incertidumbre como único plan confirmado.
El contexto importa: Una visita papal no es cualquier cosa. Requiere logística monumental, seguridad extrema y una agenda que equilibre lo espiritual con lo político. Además, León XIV lleva poco tiempo en el cargo –sí, es un nombre curioso para un papa moderno– y probablemente está priorizando otros frentes. Pero para México, especialmente con la devoción guadalupana, sería un evento de primer orden.
Mientras tanto, las reuniones como la de hoy sirven para mantener los canales abiertos. Para asegurar que, cuando (o si) llegue el sí del Vaticano, todo esté listo. Es diplomacia en su estado más puro: mucha preparación para un evento que puede o no ocurrir.
¿Qué sigue? Seguir esperando. La bola está en la cancha del Vaticano. Mientras tanto, México sigue haciendo su tarea: reuniones formales, declaraciones cuidadosas y ese optimismo cauteloso que caracteriza a las relaciones internacionales cuando hay mucho en juego pero pocas certezas.
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