El acto más difícil del sexenio
Mira, esto es puro teatro de alta tensión. Un barco mexicano con ayuda llega a La Habana mientras Claudia Sheinbaum tiene a Donald Trump respirándole en la nuca. ¿El guión? El mismo de siempre, pero con un villano mucho más impredecible.
Trump amenazó con represalias comerciales a quien le venda combustible a Cuba.
Y ahí está el problema. México era prácticamente el último proveedor después del colapso venezolano. Tuvieron que suspender los envíos. Es una jugada que duele, porque nos pone contra la pared histórica: ¿lealtad a La Habana o pragmatismo con Washington?
Una historia de amor y desamor
Esto viene de lejos. Desde 1962, cuando México fue el único país que votó contra expulsar a Cuba de la OEA. Defendimos su soberanía a capa y espada. Durante décadas del PRI, mantuvimos ese equilibrio casi circense: amigos de Cuba, socios de EE.UU.
La función se arruinó con Vicente Fox y aquel bochornoso “comes y te vas” a Fidel Castro en 2002. Luego vinieron los votos contra Cuba en la ONU. La relación se congeló.
Ahora Sheinbaum hereda este lío multiplicado por diez. No es solo política; es economía pura y dura. Trump no negocia, impone condiciones. Y México queda en medio, tratando de no quemar puentes con una isla que se asfixia sin energía.
El verdadero drama está detrás del telón: cada movimiento se calcula al milímetro. ¿Hasta dónde podemos ceder antes de traicionar nuestra propia historia? La función apenas comienza, y el público—el pueblo—espera un final que no nos deje mal parados con nadie.
O al menos, que no nos cueste más de lo que ya estamos pagando.




