El concurso de popularidad para el controlador de los controladores
Parece que las Comisiones Unidas de Transparencia y Anticorrupción (nombres que suenan tan bien como “Ministerio de la Virtud”) han logrado lo imposible: ponerse de acuerdo. En un acto que muchos calificarían de milagroso, aprobaron un dictamen con seis afortunados finalistas para la titularidad del Órgano Interno de Control (OIC) de la Fiscalía General de la República (FGR). ¿Recuerdan al anterior titular, Arturo Serrano Meneses? Claro que sí, el caballero que renunció el 8 de agosto para, y esto es lo más gracioso, enfrentar investigaciones por supuestos sobornos. Vaya currículum para el puesto de jefe anticorrupción. La ironía es tan densa que se podría cortar con un cuchillo.
El proyecto fue avalado por unanimidad con 50 votos a favor. ¡Unanimidad! En la política mexicana. Eso solo pasa cuando o todos ganan algo, o cuando el miedo a quedar mal en la foto es mayor que el desacuerdo real. Este espectáculo de consenso se ha turnado a la Junta de Coordinación Política (Jucopo), donde unos pocos elegidos tendrán el privilegio de seleccionar al único candidato que merece ser votado en el pleno. Porque, claro, ¿para qué confiar en un proceso amplio cuando puedes delegar la decisión final a un pequeño comité? Es la democracia en su máxima expresión, o algo así.
Los elegidos: Un repaso a los currículums impolutos (o no tan impolutos)
Según el sagrado dictamen, se dejó fuera a todos los aspirantes señalados por actos de corrupción y nepotismo. Menos mal, porque sería una verdadera tragedia que alguien con un leve historial de corrupción aspirara a dirigir el OIC. ¡El escándalo! Es reconfortante saber que nuestros legisladores han establecido un estándar tan elevado como “no haber sido pillado… recientemente”. El Gran Diario de México ya había dado cuenta de estas pulcras exclusiones, porque en este país la transparencia a veces parece un deporte espectáculo.
Entonces, ¿quiénes son los seis iluminados que pasaron el filtro? Pues tenemos un elenco de lujo:
Óscar Daniel del Río Serrano: Actualmente el encargado de despacho del OIC de la FGR. Básicamente, el que ya está calentando la silla. En cualquier trabajo normal, eso te daría ventaja, pero esto es la función pública, donde lo provisional puede volverse eterno.
Perla Lizeth Torres López: Ex titular del OIC del extinto Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT). “Extinto” es una palabra que da mucha confianza cuando se habla de la institución donde trabajabas. Nada como un currículum que incluya el manejo del control interno de un organismo que ya no existe.
César Iván Rodríguez Sánchez: Ex titular del OIC del Instituto Nacional de Transparencia (INAI). Otro “ex” en la lista. Uno pensaría que haber estado en el INAI es un plus, pero con la actual crisis de dicho instituto, quizás no tanto.
Martha Patricia Carrillo Núñez: Ex secretaria técnica de la Comisión de Transparencia y Anticorrupción de la Cámara de Diputados. O sea, conoce a la gente. Eso siempre es útil, especialmente cuando se trata de navegar las aguas procelosas de la política legislativa.
Gabriela Limón García: Ex titular del OIC de la Fiscalía de la CDMX y, oh, casualidad, designada en octubre de 2024 como subprocuradora Jurídica de la Profeco. Vaya carrera meteórica. Uno casi podría especular sobre las convenientes conexiones que permiten estos ascensos, pero eso sería de mal gusto.
Sergio Paul Monroy Vicenteño: Este caballero es un repetidor. Fue aspirante en 2019, pero no se presentó a la entrevista. ¡Qué detalle! ¿Fue amnesia, un ataque de pánico o simplemente un arranque de honestidad? El mundo nunca lo sabrá. Ahora vuelve a la carga, quizás con un despertador nuevo.
El comunicado oficial: Donde las palabras suenan mejor que la realidad
El dictamen, en un alarde de prosa burocrática, señala: “Una vez revisados los expedientes y desahogadas las comparecencias de las personas aspirantes, en condiciones de igualdad, paridad de género, y atendiendo el principio de no discriminación… consideran que estos son los perfiles de mayor experiencia, capacidad, profesionalismo y trayectoria”. ¡Bravo! Suena maravilloso. Es casi como si hubieran leído un manual de cómo escribir un comunicado intachable. La paridad de género es, por supuesto, loable, pero uno no puede evitar preguntarse si, en el afán por cumplir con la cuota, la “trayectoria” se evalúa con el mismo rasero para todos. Pero, ¡eh!, eso sería cuestionar el proceso, y nosotros aquí solo nos limitamos a observar con una sonrisa sarcástica.
La propuesta ahora descansa en el regazo de la Jucopo. Estos elegidos diputados tendrán la ardua tarea de elegir a un solo nombre para la votación final. Es el momento de los trueques políticos, las negociaciones entre bastidores y las promesas que nadie oye pero todos intuyen. El futuro zar anticorrupción de la FGR, la institución que necesita desesperadamente una dosis de credibilidad, será elegido en lo que es, esencialmente, un concurso de popularidad entre facciones políticas. ¿Qué podría salir mal?
Es como elegir al encargado de vigilar la tienda de dulces dejando que los niños más populares del colegio decidan quién es el más confiable. La fe en las instituciones, como siempre, se construye a base de estos pequeños y transparentes ejercicios democráticos. O eso nos quieren hacer creer. El cirio continúa, y nosotros, el público, somos los espectadores privilegiados de este fascinante reality show donde el premio final es nada más y nada menos que la supervisión de la integridad en la principal procuraduría del país. No se lo pierdan.
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