Pemex y su misión (casi imposible) de gas para 2035
Resulta que nuestra querida y atribulada petrolera, Pemex, tiene un plan. Uno de esos planes que suenan tan ambiciosos que casi dan pena ajena, como cuando tu tío dice que va a empezar el gimnasio el lunes. Según los cerebritos de Wood Mackenzie, para que la paraestatal alcance su meta de producción de gas natural para el 2035 (¡qué lejos se ve!), necesita nada más y nada menos que invertir la friolera de 10 mil millones de dólares y perforar 200 pozos al año. Sí, leíste bien: diez mil millones. Eso es como si todos y cada uno de los mexicanos pusiéramos unos 80 dólares para la cause. ¿Alguien tiene su alcancía de cerdito a la mano?
El plan: Empezar por lo fácil (o lo menos difícil)
En un movimiento que demuestra que al menos alguien allí dentro tiene dos dedos de frente, la empresa iniciará su épica travesía enfocándose en 21 yacimientos, la mayoría en campos convencionales. Básicamente, están empezando por el nivel fácil del videojuego antes de pasar al jefe final. Diego Alviso, el Research Manager de Wood Mackenzie, nos iluminó con sus conocimientos: este primer paso les dará unos 500 mil pies cúbicos diarios de gas en los próximos dos o tres años. No está mal para calentar motores.
Pero, oh sorpresa, no todo será tan sencillo. Alviso soltó la bomba: “Hay un par de campos… que pueden ser no convencionales”. Ahí es donde la cosa se pone interesante, como Agua Fría, Miahuatlán y Miquetla. Suena a nombres de pueblos mágicos, pero en realidad son los escenarios donde Pemex intentará su hazaña más arriesgada. Y por si fuera poco, el analista mencionó que hay dos regiones enteras visualizadas para este desarrollo de alto riesgo: la Cuenca de Burgos (entre Piedras Negras y Nuevo Laredo) y el norte de Veracruz. Prepárense para unos cuantos “I told you so” en el futuro.
La cruda realidad: Se necesita ayuda externa (y mucha)
Aquí viene la parte donde la realidad le da una bofetada a las aspiraciones. Lo que Pemex tiene ahora es, por decirlo suavemente, un ensayo bonito. Una producción de corto plazo de unos 100 mil pies cúbicos diarios. Para alcanzar la meta de 5 mil millones, necesitan proyectos de largo plazo en esos temibles yacimientos no convencionales. Y para eso, necesitan algo que no tienen: expertise y tecnología.
Entra en escena Marcos Bernabé, otro analista de la consultora, para decir lo que todos estábamos pensando: Pemex debe asociarse con empresas estadounidenses. Necesitan llamar a los profesionales, a los que han estado en las trincheras de la fractura hidráulica y saben de lo que hablan. Nombres como Halliburton, Schlumberger, Weatherford y Chevron fueron mencionados. Básicamente, la liga mayor. “Son empresas que han desarrollado tecnología innovadora más eficiente y amigable con el medio ambiente”, comentó. O sea, necesitan que les pasen las respuestas del examen.
Y he aquí el plot twist que nadie se esperaba: los analistas coincidieron en que los 10 mil millones de dólares de inversión requerida tendrían que venir principalmente de la iniciativa privada. ¿A alguien le suena la cantaleta de siempre? Pemex, con su historial de deudas y management cuestionable, pidiendo un aventón financiero. Los proyectos más hardcore, los no convencionales, probablemente ni siquiera despeguen hasta cerca del 2030. Para entonces, quizás ya tengamos coches voladores.
La conclusión, con un toque de optimismo cauteloso, la dio Alviso: “Lo importante es que Pemex está considerando campos no convencionales, donde se tiene un gran potencial”. Y lo mejor de todo, con la posibilidad de que no sean los famosos contratos mixtos, sino “otro tipo de contratos”. O sea, están dispuestos a ser creativos con tal de que alguien les eche la mano. Un esfuerzo colaborativo para salvar el futuro energético del país. Suena bien, ojalá no sea otro sueño guajiro.
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