La memoria corta de Pemex
El jueves, el fuego volvió a hacer de las suyas en la refinería Olmeca. Esta vez, en una bodega de coque. Según el comunicado oficial de Petróleos Mexicanos, los equipos de emergencia controlaron la situación “de manera inmediata”. Suena tranquilizador, ¿verdad?
Pero aquí está el detalle que pide a gritos un asterisco. Este incidente ocurre a menos de un mes del último incendio reportado en un área cercana a la misma planta. La refinería está en Dos Bocas, Tabasco. Parece que la zona tiene una relación complicada con el elemento fuego.
Y por si alguien lo había olvidado (las instituciones cuentan con eso), no podemos hablar de Dos Bocas sin mencionar el invitado no deseado que aún merodea por el Golfo.
En semanas recientes se han reportado afectaciones por un derrame de crudo de gran magnitud, que alcanzó costas de Veracruz y Tamaulipas.
El derrame impactó una extensión brutal: más de 630 kilómetros en el Golfo de México. Crudo, fuego, y luego más fuego. Es la tríada incómoda que persigue a este proyecto emblemático.
La pregunta que flota en el aire, más espesa que el humo de cualquier bodega, es obvia: ¿esto es una desafortunada coincidencia o un patrón de negligencia? Los comunicados hablan de control inmediato. La línea del tiempo habla de una sucesión alarmante.
Mientras las autoridades destacan la rápida respuesta, los hechos acumulados pintan un cuadro distinto. Cada evento aislado se presenta como un problema solucionado. Pero juntos forman una historia diferente: la de una operación bajo constante asedio por sus propios fallos.
La memoria institucional parece resetearse con cada nuevo parte de prensa. Pero la memoria del territorio y del medio ambiente, esa es mucho más larga y terca.




