Un robo que duele en el corazón de la selva
La Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) acaba de presentar una denuncia penal ante la Fiscalía General. El motivo es tan indignante como dramático: el saqueo de 192 iguanas verdes en Oaxaca. Casi doscientos animales arrancados de su hábitat. Detectaron su captura y transporte ilegal, y ahora la ley debe actuar.
Esto no es un simple delito. Según las autoridades, es un ataque directo contra la biodiversidad. Por eso se inició acción legal contra los responsables de esta extracción salvaje. La Profepa no se quedará con los brazos cruzados; fungirá como coadyuvante en la investigación y como representante de lo que ellos llaman, con toda razón, “la víctima ambiental”.
“El tráfico y saqueo de fauna silvestre está previsto como delito en el Código Penal Federal”, recordó la institución.
Las consecuencias para los culpables pueden ser graves: de uno a nueve años de prisión, además de fuertes multas económicas. Las investigaciones están abiertas para ubicar a los implicados. Es una carrera contra el reloj para proteger a las especies que están bajo la presión constante del mercado negro.
Este caso es más que una noticia policiaca. Es un grito de alerta. Pone sobre la mesa, una vez más, la urgencia de conservar nuestra fauna silvestre y combatir con firmeza un tráfico que nos despoja de nuestro patrimonio natural. Cada iguana robada es un pedazo del México vivo que perdemos.




