Por fin, un manual para no volar por los aires
Parece que hace falta una tragedia con treinta fallecidos para que a alguien se le encienda el foco (y no uno cerca de una fuga de gas). Este viernes, en un acto de sublime reactividad, el Diario Oficial de la Federación se vistió de gala para publicar un arsenal de nuevos reglamentos energéticos. El objetivo declarado es construir un sector “más moderno, sólido y sostenible”. O, en cristiano, evitar que más pipas se conviertan en bombas rodantes.
El Ejecutivo, en un ataque de productividad legislativa, emitió un decreto que parece el índice de una enciclopedia: Reglamento de la Ley de Hidrocarburos, de Geotermia, del Sector Eléctrico, de Biocombustibles… y así sucesivamente, en un listado tan extenso que uno se pregunta si no habrán incluido también el reglamento para el uso del baño en las oficinas gubernamentales. Pero la joya de la corona, la que nos convoca hoy, es la Norma Oficial Mexicana de Emergencia NOM-EM-006-ASEA-2025, un nombre tan pegadizo como una balada romántica de los 80.
El decálogo del buen pipero (o cómo no matar a tus vecinos)
Resulta que, hasta ahora, transportar gas licuado de petróleo era una actividad con un nivel de regulación similar al de un juego de canicas. Tras el accidente en el Puente La Concordia, la autoridad ha decidido que quizás, solo quizás, debería haber algunas reglas. La nueva normativa establece que las pipas deben portar señales claras. Imagínense: ¡se exige que diga “PELIGRO GAS L.P.”! Qué concepto tan revolucionario. Es casi como poner un letrero de “CUIDADO: TIGRE” en la jaula de un tigre. Un avance sin precedentes.
Pero no se detiene ahí la cosa. También deben incluir números telefónicos para emergencias. Porque, claramente, antes de esto, en caso de fuga, lo lógico era enviar un mensaje de WhatsApp o, en el mejor de los casos, un humo de señales. Ahora, con suerte, alguien contestará el teléfono. Además, deben especificar la capacidad de la unidad al 100% en litros de agua, un dato que sin duda todos los ciudadanos revisaremos con lupa la próxima vez que veamos una pipa ardiendo en la carretera.
Y aquí viene lo mejor: cada pipa debe contar con un extintor portátil de al menos 9 kilos. Porque nada combate mejor un incendio de proporciones catastróficas que un aparato del tamaño de un perro salchicha. Eso sí, debe tener su etiqueta de servicio y caducidad vigente. No vaya a ser que intentes apagar un fuego con un extintor caduco y, en lugar de polvo químico, salgan confeti y una nota que diga “¡Sorpresa!”.
La pipa del futuro: más equipada que un auto de James Bond
La norma se pone tecnológica. Los autotanques o tractocamiones deben contar con un gobernador de velocidad que los limite a 80 km/h. Es decir, ya no podrán participar en carreras ilegales por la autopista. Deben tener también un Sistema GPS activo, para que las autoridades sepan exactamente en qué punto del mapa ocurrió la explosión. Y, por si fuera poco, un indicador de nivel de tipo flotador mecánico o magnético. ¿No traían? Uno pensaba que medir el gas era algo opcional, como el aire acondicionado en el coche.
El recipiente debe contar con una placa de datos legible, fija y permanente, con información tan crucial como la fecha de fabricación y el número de serie. Es casi como el acta de nacimiento de la pipa. ¿La siguiente exigencia será que pasen una prueba psicológica los conductores? Se contemplan, además, inspecciones visuales y pruebas hidrostáticas. Vaya, resulta que no basta con echarle un vistazo y darle una palmadita al tanque diciendo “este aguanta”.
En resumen, es un compendio de sentido común escrito con urgencia legislativa. Es como si, tras descubrir que la gente se cae por los precipicios, decidieran poner barandillas. Bienvenidas sean estas medidas de seguridad industrial y operativa, aunque uno no puede evitar un punto de cinismo: ¿de verdad hacía falta que murieran treinta personas para implementar lo que cualquier ingeniero junior hubiera sugerido en una tarde? El absurdo de la burocracia y la tragedia se dan la mano, una vez más, en un baile macabro que esperamos no se repita. O al menos, no hasta que se publique la siguiente norma de emergencia.
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