El fuego que viajó de un estado a otro
La noticia llegó como un susurro y estalló como una bengala. Guanajuato amaneció con el olor a humo y caos. La Secretaría de Seguridad y Paz del estado confirmó lo que muchos ya veían en sus colonias: una cadena de incendios deliberados en farmacias y tiendas de conveniencia.
No es un incidente aislado. Es una reacción en cadena, un efecto dominó que comenzó con operativos del Gobierno Federal en Jalisco. El fuego saltó fronteras estatales y se instaló aquí, en nuestro territorio.
Un mapa del fuego
Las llamas han aparecido como manchas rojas en el mapa: Guanajuato capital, Moroleón, Irapuato, Silao, León y Purísima del Rincón. Los blancos principales son claros: establecimientos Oxxo y Farmacias Guadalajara.
“No se registran personas lesionadas, pero sí daños materiales”, informaron las autoridades.
Esa frase oficial esconde el miedo palpable en las calles. Vecinos grabando con celulares, policías corriendo, el crepitar de las llamas devorando negocios familiares. El daño material tiene nombre: es la tienda donde compras el pan, la farmacia donde surten las medicinas de tus hijos.
Mi padre me enseñó que la política afecta la vida diaria. Hoy esa lección huele a ceniza.
El despliegue: teatro de seguridad
El escenario político responde con su propio guión. La Secretaría de Seguridad, en coordinación con el Ejército Mexicano, Guardia Nacional y policías municipales, desplegó un operativo combinado. Es el clásico movimiento para “salvaguardar a la población”.
Pero detrás del teatro institucional hay preguntas incómodas: ¿por qué estos establecimientos? ¿Qué conexión invisible une Jalisco con Guanajuato? Las redes del poder paralelo tejen su trama entre estados.
Las autoridades hicieron el llamado ritual:
- Reportar actividades sospechosas al 089 (anónimamente)
- Mantenerse informados por canales oficiales
Son las líneas del guión oficial mientras el fuego real sigue ardiendo. Como periodista político, veo este drama en dos actos: las acciones federales desatan reacciones locales, y los ciudadanos quedamos atrapados en medio.
Mi esposa maestra me diría que busque la respuesta simple. A veces es solo esto: cuando se presiona al crimen organizado en un lugar, este estalla en otro. La presión no desaparece; se redistribuye. Y hoy le tocó a Guanajuato pagar parte del costo.
El telón no ha caído. El operativo continúa, los reportes siguen llegando. Y mientras escribo esto, sé que algún padre en Silao está explicando a sus hijas por qué la tienda de la esquina ahora es solo humo y recuerdos.




