La chispa que incendió media región
Un operativo federal en Tapalpa, Jalisco, fue el detonante. Pero la explosión de furia ya cubre cuatro estados. Esta mañana, carreteras cortadas y vehículos en llamas pintan un mapa del caos desde Guadalajara hasta la entrada a Colima.
La versión oficial habla de “reacción”. Yo leo represalia coordinada. ¿Qué tuvo de especial ese operativo en las montañas de Tapalpa para generar esta respuesta? Las autoridades no lo dicen. Solo actúan cuando el humo ya es visible en media docena de ciudades.
El gobernador de Michoacán, Alfredo Ramírez Bedolla, informó que instruyó la instalación inmediata de la mesa de seguridad con autoridades estatales y federales.
Clásico. Primero el incendio, después la junta. Mientras tanto, en Michoacán la lista de municipios afectados suena a recuento de daños de una guerra no declarada: Buenavista, Apatzingán, Aguililla… La geografía del conflicto se amplía por hora.
Negocios, el blanco fácil
La violencia mutó de las carreteras a las calles. En Guanajuato, no son solo camiones. Ahora son farmacias y tiendas Oxxo. Blancos fáciles, mensaje claro: nadie está a salvo.
La Secretaría de Seguridad dice que no hay heridos, solo daños materiales. Como si quemar el sustento de familias fuera un daño colateral aceptable. Despliegan al Ejército y a la Guardia Nacional. ¿Dónde estaban para prevenir esto?
El llamado final es revelador: reporten anónimamente al 089. Confíen en los canales oficiales. Justo los mismos que no anticiparon—o no quisieron ver—que un operativo en Jalisco terminaría con negocios calcinados en Guanajuato.
La memoria es corta, pero el patrón es largo. Acción federal, reacción violenta, mesa de seguridad tardía. Y mañana, como si nada hubiera pasado. Hasta la próxima chispa.




