El secreto a voces que no pudo resistir la luz pública
El salón de belleza para legisladoras en el Senado tiene más idas y vueltas que un peinado elaborado. Lo clausuraron de nuevo apenas horas después de que lo reabrieran a escondidas. ¿La razón? Un reporte del semanario Proceso destapó el pastel.
La presidenta de la Mesa Directiva, Laura Itzel Castillo, salió al quite rápido. Defendió el espacio con uñas y dientes, asegurando que no usaba recursos públicos.
“Los servicios son pagados por las propias senadoras”, dijo Castillo, añadiendo que los senadores también podrían usarlo si quisieran. Según ella, era un apoyo para mantener la buena presentación en las sesiones.
Pero sus palabras se las llevó el viento. Personal de resguardo llegó y puso sellos de clausura sin dar explicaciones oficiales. El mensaje fue más claro que un espejo: aquí hay algo que huele mal.
Un privilegio con historia
Este lugar no es nuevo. Lo cerraron en 2018 con la llegada de la 4T, por considerarlo innecesario y contrario a la austeridad prometida. Tenía sillas, espejos, lavabo y herramientas para estilizado. Un lujo completo.
Su existencia era un “secreto a voces” dentro del edificio. Todos lo sabían, pero nadie hablaba hasta que alguien apuntó con un foco.
La clausura ha dejado un ambiente raro entre legisladores y trabajadores. Unos defienden la necesidad de verse bien ante las cámaras. Otros ven un privilegio inadmisible en tiempos donde se predica recorte hasta del café.
Lo cierto es que este pequeño salón refleja una batalla más grande: ¿dónde termina la necesidad laboral y empieza el trato especial? Mientras no haya una tarifa pública visible o reglas claras, el debate seguirá abierto… hasta la próxima reapertura secreta.




