Agua para todos, o al menos eso dicen
El secretario de Gestión Integral del Agua (o como lo llaman sus amigos, el “Señor de los Garrafones”), José Mario Esparza, anunció con bombo y platillo que esta semana lograron duplicar la entrega de garrafones en el programa “Agua Bienestar”. ¿Cómo? Muy sencillo: añadiendo 20 camiones a la flota. Porque, claro, antes debían repartirlos en bicicleta o a lomo de burro, supongo.
El funcionario, mientras participaba en el emocionante banderazo de salida de las nuevas unidades (un evento que sin duda rivaliza con el lanzamiento de un cohete espacial), prometió que seguirán duplicando la entrega “semana tras semana”. ¿Hasta cuándo? Hasta que cada ciudadano tenga su propia piscina de garrafones, imagino. O hasta que se les acabe el presupuesto, lo que ocurra primero.
Un éxito… según ellos
“Este programa ha sido todo un éxito”, declaró Esparza, sin especificar si se refería al éxito en repartir agua o en generar titulares optimistas. Eso sí, reconoció que la gente en algunas colonias depende de tinacos y aljibes, donde el agua a veces tiene más sabores que un refresco de soda. Pero tranquilos, el gobierno está aquí para salvar el día… con garrafones de 19 litros a cinco pesos. ¡Qué ganga! Aunque, pensándolo bien, el agua del grifo debería ser gratis, pero eso es otra historia.
El programa, que comenzó en enero con tres puntos de distribución (sí, tres, como los Reyes Magos), ahora pretende expandirse como si fuera una franquicia de café. Eso sí, con la misma velocidad con la que crece el pasto en el desierto. En marzo, este medio ya había documentado que, ante la escasez de agua potable, los capitalinos recurrían a opciones económicas. O sea, la gente está tan desesperada que hasta bebería de un charco si le ponen un letrero de “Agua Bienestar”.
Así que ahí lo tienen: un gobierno que promete duplicar garrafones como si fueran panes y peces, mientras los ciudadanos siguen preguntándose cuándo tendrán agua corriente digna de un país que no sea del siglo XIX. Pero hey, al menos ahora hay más camiones. Eso cuenta como progreso, ¿no?
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