La Cámara baja le cambia el guion a la reforma sobre derechos de autor
El pleno de la Cámara de Diputados dio luz verde, con un contundente 368 votos a favor, a modificar siete artículos del dictamen de reforma a la Ley Federal del Derecho de Autor y la Ley Federal del Trabajo. El proyecto, impulsado por la presidenta Claudia Sheinbaum, ahora viaja al Senado para su revisión final.
Pero aquí está el giro argumental: los diputados, liderados por el coordinador de Morena Ricardo Monreal, suavizaron una parte clave del texto original. Eliminaron las nuevas multas—que podían llegar hasta los 586 mil pesos—por el uso no autorizado de imagen y voz.
“La ocasión pasada que estuvimos hasta muy entrada la mañana del jueves, había entre las curules algunos compañeros que vinieron a cabildear , de la industria de la radio , de la televisión , de los actores… y había inquietud”, explicó Monreal desde la tribuna.
Su argumento fue que estas modificaciones buscan dar “más certeza jurídica” y un mejor trato a quienes se dedican a estas actividades.
El gran protagonista: La Inteligencia Artificial
Sin embargo, el núcleo dramático de esta reforma no desapareció. Se mantienen disposiciones cruciales pensando en el futuro—y en el presente—tecnológico. La ley ahora establece que en los contratos laborales de artistas e intérpretes deberá especificarse la remuneración por el uso de su imagen o voz mediante sistemas de inteligencia artificial u otras tecnologías.
Es una jugada preventiva. El texto es claro: clonar o suplantar una voz o imagen con IA para generar réplicas o simular al artista de manera identificable requerirá un acuerdo previo y por escrito. Punto.
Pero también hay espacio para la creatividad. La reforma aclara que no se considerará violación cuando el uso sea para parodia, sátira o imitación creativa. O cuando simplemente no busque engañar al público o reemplazar profesionalmente al artista en el mercado.
En resumen: el Congreso le bajó el tono punitivo a la propuesta inicial, pero mantuvo intacto su corazón: regular cómo las nuevas herramientas tecnológicas interactúan con los derechos más personales de un creador: su propia voz y figura. Ahora, es turno del Senado para escribir el acto final.




