La cuenta pendiente de la desigualdad
Viven más, pero con menos. Esa es la cruel paradoja que enfrentan las mujeres mayores en México, según advierte Gabriela Luna Ruiz, economista de la Iberoamericana. Más de la mitad de las personas mayores de 60 años son mujeres, con una esperanza de vida hasta cinco años mayor que los hombres.
Pero esa longevidad no es un premio. Es una sentencia a mayor vulnerabilidad económica.
“Muchas mujeres llegan a la vejez con menos ahorros, menor acceso a pensiones y mayor dependencia económica”, explica la especialista.
El motivo no es un misterio. Son trayectorias laborales interrumpidas o precarias, y una distribución desigual del ingreso dentro del hogar que las perjudica sistemáticamente.
El costo invisible del cuidado
Históricamente, las mujeres han priorizado el bienestar familiar sobre el propio. Sus recursos se destinan al cuidado, la alimentación y el hogar. Un acto de amor que el sistema convierte en una trampa financiera.
Ese patrón tiene efectos acumulativos. Cada año de trabajo no remunerado, cada peso destinado a otros antes que a ellas mismas, se convierte en pobreza en la vejez.
Ante este panorama desolador, Luna Ruiz plantea soluciones concretas: políticas públicas integrales. Fomentar la inclusión financiera desde etapas tempranas y avanzar hacia un sistema nacional de cuidados que distribuya las responsabilidades de manera equitativa.
Porque si algo queda claro es que esta pobreza no es un accidente. Es el resultado final de décadas de desigualdades que nadie quiso ver cuando importaba.




