El teatro de las pensiones: aplausos con silbidos incluidos
Las comisiones del Congreso dieron luz verde por unanimidad a la reforma de la presidenta Claudia Sheinbaum para ponerle un tope de 70 mil pesos mensuales a las llamadas ‘pensiones doradas’ en el sector paraestatal. Un gesto político con todos los reflectores encendidos.
Pero, como en toda buena obra, hay un segundo acto. La oposición, que votó a favor, ya levantó la voz señalando dos agujeros en el guión.
Cuestionaron la retroactividad en su aplicación y que no sea generalizada para los funcionarios de las secretarías de Estado y militares.
Es decir: ¿por qué solo toca a unos y no a todos? La pregunta queda flotando en el aire del salón de sesiones.
¿A quién le toca? (Y a quién no)
La reforma apunta directamente a exfuncionarios de gigantes como CFE y Pemex que hoy disfrutan jubilaciones que superan por mucho el salario presidencial. La imagen del lujo desmedido con dinero público es potente.
El dictamen ya viajó al pleno para su discusión final, posiblemente este mismo martes. Se espera el gran debate.
Pero aquí está el detalle que hace arder la sangre: se critica que la medida no sea pareja. Mientras un exdirector de una paraestatal verá recortada su pensión millonaria, un exsecretario de Estado o un militar retirado podrían seguir en la misma situación. La justicia, vista así, parece selectiva.
Es un movimiento político calculado. Sheinbaum gana puntos al atacar un símbolo de privilegio odiado por la ciudadanía. Pero la oposición ya marcó territorio al señalar las contradicciones. El verdadero drama empieza cuando el proyecto llegue al pleno y cada fuerza tenga que explicar su voto ante las cámaras. El telón aún no cae.




