El gobierno brasileño destinará 3.100 millones de reales (617,5 millones de dólares) a fomentar la inversión ecológica en la región amazónica. Así lo informó el lunes el Ministerio de Medio Ambiente, como parte del programa federal Eco Invest, lanzado en 2024 durante la COP30.
El modelo de financiación
Los recursos se canalizarán mediante un enfoque de financiación combinada. El Tesoro Nacional presta fondos a los bancos a una tasa anual del 1%. A cambio, las entidades deben movilizar al menos cuatro veces ese monto en inversión privada, con un 60% de capital extranjero. Hasta ahora, el programa ha comprometido 140.000 millones de reales (28.000 millones de dólares) entre recursos públicos y privados.
En la subasta más reciente, ocho bancos comprometieron otros 10.100 millones de reales (2.000 millones de dólares). Carina Pimenta, secretaria nacional de Bioeconomía, explicó que el crédito respaldará a cooperativas que producen açaí y nueces de Brasil, así como infraestructura turística en áreas de conservación.
Reveses legislativos
El anuncio ocurre tras una semana de avances legislativos que preocupan a ambientalistas. La Cámara de Diputados, de tendencia conservadora, aprobó proyectos que debilitan medidas contra delitos ambientales, incluyendo uno que dificulta aplicar sanciones por deforestación ilegal basadas únicamente en vigilancia satelital. Esa política ayudó a reducir la deforestación en la Amazonía en un 50% desde 2023, según el IBAMA.
“Al debilitar las herramientas de supervisión, la protección territorial y la gobernanza ambiental, las medidas reducen la capacidad del Estado brasileño para prevenir, controlar y responder a los impactos del cambio climático”, señaló el Observatorio del Clima.
João Paulo Capobianco, ministro de Medio Ambiente, afirmó que iniciativas como Eco Invest demuestran el compromiso de Brasil hacia la neutralidad de carbono para 2050. “Mostraremos que Brasil sigue en un camino de control y reducción de la deforestación”, declaró.
Los proyectos aún requieren aprobación del Senado y sanción presidencial. La selva amazónica, que alberga más del 60% del bosque en Brasil, sigue siendo clave para la regulación climática global.




