El test final de Benito
Bad Bunny lo ha conquistado casi todo. Las listas globales, el Super Bowl, el planeta entero del streaming. Pero hay una frontera que se le resiste: Brasil.
Un país donde el 75% de lo que se escucha es música local. Donde ni él, ni sus canciones, ni su álbum estuvieron entre lo más reproducido el año pasado. La tierra del sertanejo y el funk es su último gran reto.
“Es el mejor momento para intentar abrir un país como Brasil, en un momento en que ha logrado dominar prácticamente el mundo entero”, comentó Felipe Maia, etnomusicólogo.
Dos noches en São Paulo
Pero algo está cambiando. Sus primeros conciertos en Brasil, este viernes y sábado en el Allianz Parque de São Paulo, se agotaron tan rápido que tuvo que añadir fecha extra. Que también voló.
Para media tarde del viernes, las filas ya eran épicas. Fans brasileños mezclados con salvadoreños, colombianos, venezolanos. Muchos con los icónicos sombreros de paja jíbaro.
Los precios oficiales iban de 50 a 210 dólares. Los revendedores pedían más de 830 por la entrada de esa misma noche. Más del doble del salario mínimo mensual brasileño.
Rompiendo burbujas
Flávia Durante, DJ especializada en música latina en São Paulo, explica la resistencia inicial:
“Algunos brasileños tienden a ver la música en español como cursi por la asociación con las telenovelas mexicanas, pero Bad Bunny rompió esa burbuja con su álbum más reciente”.
El efecto Super Bowl fue nuclear. Sus reproducciones en Spotify Brasil aumentaron un 426% la semana siguiente al show. “Yo Perreo Sola” subió un brutal 2.536%.
Durante el Carnaval de Río, los disfraces inspirados en Bad Bunny fueron tendencia absoluta. Nicole Froio, escritora colombo-brasileña con dos tatuajes del artista (y planeando un tercero), salió con sombrero de paja y plantas tropicales de plástico.
“Hay mucho prejuicio en torno a la música hispana y había ideas preconcebidas contra él por su acento puertorriqueño”, comentó Froio.
La cuestión identitaria
Aquí está lo interesante: Brasil tiene una relación complicada con su latinidad. Felipe Maia lo explica:
“La identidad latina de Brasil existe, pero es difusa y difícil de asir debido a la variedad dentro del enorme país”.
Pero Bad Bunny le está dando forma a esa identidad compartida. Su mención a Brasil durante el show del Super Bowl -recordando que “América” es todo el continente- no pasó desapercibida.
Diogo da Luz, fan de 22 años antes del concierto del viernes:
“Refuerza que somos parte de esto -que pertenecemos. Refuerza que somos un solo pueblo y que estamos muy unidos”.
Para Froio, que lleva seis años esperando verlo en vivo:
“Bad Bunny representa una resistencia latina”.
Y aquí está quizás su mayor logro: mientras otras megaestrellas latinas graban en inglés para conquistar mercados, él mantiene casi toda su música en español.
“Para mí, hay una gran autenticidad en su sonido que me inspira a ser quien soy ya que los demás se las arreglen con eso”, expresó Froio.
Dos noches en São Paulo pueden no cambiar las estadísticas del streaming brasileño de la noche a la mañana. Pero están escribiendo algo más importante: cómo se construye comunidad cultural cuando alguien se niega a dejar de ser quien es.




