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Typosquatting la estafa que se aprovecha de tus errores tipográficos

Los ciberdelincuentes perfeccionan el arte del engaño con portales casi idénticos a los legítimos. Te contamos cómo no morder el anzuelo digital.

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Typosquatting: Porque a los estafadores les encanta que te equivoques

Imagina un mundo donde cometer un simple error tipográfico te cueste tu información bancaria, tu identidad digital y un buen susto. Bienvenido al maravilloso universo del typosquatting, también conocido con esos nombres tan amables como “secuestro de URL” o “allanamiento de error tipográfico”. Suena casi como un delito de propiedad horizontal, ¿verdad? Pues es aún mejor: es una forma de fraude por internet donde los estafadores, aburridos de los métodos tradicionales, se dedican a registrar dominios web similares a los legítimos con la loable intención de engañar a los usuarios despistados. ¿El premio? Redirigirlos a sitios maliciosos que son como la versión de tu portal favorito hecha en un garaje oscuro. ¿Ejemplos? www.mercad0libre.com (con un cero, para más emoción) o www.gogle.com (porque la ‘o’ y la ‘e’ estaban demasiado juntas y alguien decidió divorciarlas).

¿Y cómo caemos en esta trampa digna de un cartoon? Pues porque los usuarios, en un arrebato de confianza ciega en sus habilidades digitales, acceden a estos portales por error. Ya sea por no prestar atención al teclear la dirección en su ordenador o por hacer clic con entusiasmo en enlaces que prometen cosas demasiado buenas para ser verdad. Y aquí es donde la jugada se vuelve brillantemente cruel: estos portales no solo se conforman con un nombre parecido. ¡No! Ellos también clonan el diseño de los sitios oficiales hasta el más mínimo detalle. Porque, claramente, engañar a las víctimas es más fácil si el escenario se ve idéntico al original. Es como si un ladrón se disfrazara de tu banquero favorito y te ofreciera un café mientras vacía tu cuenta.

El menú del engaño: especialidades de la casa maliciosa

Esta joya de la ciberdelincuencia es operada por mentes creativas que se dedican a crear dominios casi gemelos a los auténticos. La única diferencia son unas pequeñas y encantadoras diferencias tipográficas: tal vez omiten una letra, añaden un signo de puntuación de más o cambian una ‘i’ por una ‘l’. Cosas de nada. De este modo, los delincuentes se frotan las manos esperando que los usuarios, en un lapsus de concentración, ingresen a sus portales creyendo que están en el sitio de confianza. El objetivo final: recabar toda la información privada que el cibernauta tenga a bien regalarles. ¡Generosidad digital en estado puro!

Pero no todos los tipos de typosquatting son iguales. Tienen sus especialidades, como un restaurante de lujo con un menú del delito:

Malware: El plato fuerte. La página, con toda la amabilidad del mundo, instala en el dispositivo del usuario un virus que actúa como un invitado pesado que se queda a vivir y husmea en tu privacidad. ¡Buen provecho!

Phishing: La especialidad de la casa. Nada más entrar al sitio malicioso, este te recibe con un simpático formulario que te pide amablemente que ingreses todos tus datos confidenciales. ¿La contraseña de tu correo? ¡Claro! ¿El número de tu tarjeta de crédito? ¡Por supuesto! ¿El nombre de tu primera mascota? ¡Es para una encuesta!

Desviación del tráfico: Un clásico para los amantes del ataque empresarial. Aquí el objetivo no es solo el usuario individual, sino desviar el tráfico de un sitio oficial hacia la página de la competencia o, mejor aún, hacia el portal falso. Así se disminuyen las visitas al sitio real porque, ¿quién necesita reputación cuando puedes tener sabotaje?

Publicitario: La opción “light”. Aunque no busca robarte directamente la información, se dedica a inundarte de publicidad tan recurrente que terminas añorando los simples banners. Cada clic en esos anuncios genera ingresos para el alma caritativa que ejecuta este typosquatting. ¡Emprendimiento digital en su máxima expresión!

El denominador común de estos sitios es su amor por la información bancaria y personal de los internautas. Una vez que caes en la trampa y visitas estos sitios web con dominios engañosos, te incitan con dulzura a que escribas tus datos personales, bancarios y hasta a que subas archivos confidenciales. Para las empresas, este ciberataque no solo es un problema de seguridad, sino un golpe a su reputación y estabilidad financiera. Porque nada dice “confío en ti” como un cliente que descubre que su data fue robada a través de un error de ortografía.

Cómo no ser el protagonista de esta comedia de errores

Para no terminar como el personaje principal de esta tragicomedia digital, aquí tienes unas recomendaciones que te salvarán de caer en la trampa cibernética:

Verifica que los enlaces a los que vayas a ingresar no tengan errores de ortografía. Palabras mal escritas, guiones misteriosos y signos de puntuación extraños son las banderas rojas de este circo. Asegúrate de que el nombre principal del sitio esté bien escrito, porque, spoiler alert, los estafadores no suelen ganar concursos de spelling.

No accedas a documentos o archivos cuyo origen desconozcas y cuya identidad del remitente sea más misteriosa que el final de una película de suspense. Si no sabes quién lo envía, ¿realmente quieres abrirlo?

Evita abrir vínculos que parezcan extraños, especialmente si provienen de sitios web desconocidos. Si un enlace te mira con cara sospechosa, probablemente lo sea.

Crea marcadores para guardar y configurar las páginas web que visitas con frecuencia. Así no tendrás que escribir sus nombres en el buscador y evitarás posibles errores que te lleven a enlaces engañosos. Es como tener un mapa del tesoro sin las ‘X’ que marcan trampas.

Equipa tus dispositivos con un antivirus. Porque aunque no sea infalible, es mejor tener un guardaespaldas digital que enfrentarte solo a los malos.

No ingreses información privada en cuestionarios sospechosos. Si una página te pide datos personales sin una razón clara, pregúntate: ¿realmente necesitan saber el nombre de mi mascota para mostrarme un meme?

Evita escribir directamente direcciones de internet, pero si lo haces, verifica que la hayas anotado correctamente antes de presionar Enter. Un segundo de revisión puede ahorrarte meses de problemas.

Si por un descuido llegaste a una página por error, ciérrala inmediatamente como si hubieras visto un fantasma. Luego, reporta el sitio desde la sección de “Ayuda y comentarios” de tu navegador y dispositivo. Y, por supuesto, no compartas el enlace con nadie más. No es un hallazgo cool, es una bomba de tiempo digital.

Para las corporaciones que sean víctimas de este delito, siempre queda la opción de levantar una denuncia en la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financiero (Condusef). Porque a veces, hasta los grandes necesitan un poco de ayuda contra los artistas del error tipográfico.

En resumen, protege tus datos, tu dispositivo y tu seguridad del typosquatting y otros ciberataques. Porque en internet, la letra pequeña (y la mal escrita) sí importa.

¿Te ha parecido útil esta información? Compártela en tus redes sociales y ayuda a tus contactos a no caer en estas trampas digitales. Explora más contenidos relacionados para mantener tu seguridad en línea siempre al día.

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X se desploma y deja al mundo sin su dosis de caos matutino

La red social X, antes Twitter, colapsó dejando a millones sin su dosis diaria de caos digital. Usuarios reportan problemas en la app y el feed.

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X se desploma y deja al mundo sin su dosis de caos matutino

Bueno, bueno, bueno. Parece que el pájaro azul (o el equis, o lo que sea ahora) decidió tomarse un día libre. Y no uno cualquiera, sino un martes 13. ¿Coincidencia? Lo dudo mucho. La vibra estaba en el aire desde que nos despertamos.

Durante la mañana de este martes con mala suerte incorporada, la red social que antes conocíamos como Twitter y ahora es un enigma llamado X empezó a fallar más que mis propósitos de Año Nuevo. Y no fue algo localizado, oh no. Fue un apagón digital a nivel global que dejó a medio planeta preguntándose: “¿y ahora en qué aplicación pierdo mi tiempo productivo?”

El diagnóstico del desastre digital

Según los sabios de Down Detector (los verdaderos héroes sin capa de internet), el caos comenzó alrededor de las 7:50 AM. Justo cuando la mayoría revisa sus notificaciones con un ojo abierto y el otro aún soñando. Timing impecable, como siempre.

Los reportes llegaron más rápido que los memes sobre la situación (que, por cierto, también fallaron al no poder publicarse). Los usuarios – perdón, los “x-usuarios” – comenzaron a reportar de todo:

  • La aplicación funcionando como yo los lunes por la mañana: con cero ganas
  • El feed más vacío que mi cuenta bancaria después de pagar el alquiler
  • Problemas para recargar la página que nos recordaron los tiempos dial-up
  • Conexiones al servidor más inestables que mi salud mental durante temporada de exámenes

“Ni siquiera puedo ver los tweets absurdos que normalmente me arruinan la concentración”

  • Probablemente tú, yo y medio internet esta mañana

Cuando el caos encuentra un vacío (digital)

Lo más divertido – si es que podemos usar esa palabra – fue ver cómo reaccionó la gente ante este apocalipsis de primer mundo. Las quejas inundaron… otras redes sociales, porque claro, ¿dónde más vamos a quejarnos de que una red social no funciona?

La frustración era palpable incluso a través de las pantallas. Gente acostumbrada a su dosis diaria de discusiones políticas absurdas, memes rancios y videos de gatitos se encontró repentinamente con… silencio digital. O peor aún: con tiempo para pensar en sus vidas.

El impacto fue tan real que muchos tuvieron que recurrir a métodos arcaicos para comunicarse:

  • Mensajes de texto (¡gasp!)
  • Llamadas telefónicas (¿la gente todavía hace eso?)
  • Hablar en persona (esta opción causó pánico generalizado)

Mientras tanto, en algún sótano oscuro de Silicon Valley (o donde sea que trabajen ahora), algún ingeniero debía estar sudando más que yo en una clase de yoga tratando de arreglar este lío.

Lo cierto es que estos momentos nos recuerdan nuestra dependencia digital patológica. Unas horas sin X/Twitter/lo-que-sea y ya estamos buscando desesperadamente alternativas como si fuera el fin del mundo. Nuestra capacidad para adaptarnos brilla tanto como la pantalla de nuestros teléfonos cuando recibimos una notificación.

Y mientras tanto, seguimos refrescando la página compulsivamente, esperando que vuelva ese caos organizado al que llamamos timeline. Porque admitámoslo: extrañamos el desastre.

¿Viviste el apagón digital? Comparte tu experiencia más dramática en tus redes y etiquétanos. Hay más análisis sobre nuestro extraña relación con la tecnología esperándote aquí.

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TikTok esquiva la guillotina con venta a consorcio estadounidense

TikTok se salva de la prohibición tras firmar un acuerdo para vender su operación en EE.UU. a un consorcio de inversores liderado por Oracle.

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TikTok esquiva la guillotina (por ahora) con una venta de última hora

Bueno, parece que el apocalipsis digital para los amantes del baile viral se pospone. Después de años de incertidumbre que nos tenían a todos haciendo el Renegade del miedo, TikTok finalmente firmó el acuerdo para vender su operación en Estados Unidos. Los salvadores (o nuevos dueños, según se mire) son un trío de inversores: Oracle, Silver Lake y MGX. La noticia llega justo cuando el reloj marcaba la cuenta regresiva para que la app dejara de funcionar en enero de 2025.

Según un memorando interno al que tuvo acceso The Associated Press, el CEO Shou Zi Chew confirmó que ByteDance y TikTok han firmado acuerdos vinculantes con los tres inversores, y se prevé que todo se concrete el 22 de enero.

O sea, pasamos del “esto se va a prohibir” al “firmemos estos papeles” en tiempo récord. Un giro de trama digno de un TikTok dramático.

El nuevo reparto del pastel (y quién controla el algoritmo)

Aquí es donde se pone interesante. La nueva empresa conjunta será como una cena familiar complicada donde todos quieren sentarse a la cabecera de la mesa.

  • Un 50% será propiedad del consorcio de nuevos inversores (Oracle, Silver Lake y MGX se reparten un 15% cada uno).
  • Otro 30.1% será para los inversionistas existentes de ByteDance.
  • Y ByteDance misma se queda con un 19.9%.

Pero lo más jugoso no es solo el dinero, sino el control. La empresa tendrá una nueva junta directiva de siete miembros, la mayoría estadounidenses, y estará sujeta a términos que, cito textualmente del memo, “protejan los datos de los estadounidenses y la seguridad nacional de Estados Unidos”. Suena bien, ¿no? Como cuando tu mamá te dice que va a “revisar” tu celular por tu propio bien.

La gran pregunta era: ¿y el algoritmo? Ese ingrediente secreto que nos recomienda videos de gatitos y coreografías imposibles a las 3 a.m. Pues será “reentrenado” con datos de usuarios estadounidenses para, otra cita del memo, “garantizar que el feed de contenido esté libre de manipulación externa”. Los datos mismos estarán almacenados localmente en un sistema gestionado por Oracle. Básicamente, le están poniendo un chip rastreador y entrenamiento especial al cerebro digital de TikTok.

Un drama político con más giros que un Challenge

Para entender por qué esto es tan grande, hay que retroceder. Esto pone fin a varios años de incertidumbre dignos de una telenovela política. El Congreso estadounidense aprobó una ley para prohibir TikTok si no encontraba un nuevo propietario que no fuera ByteDance, su matriz china. La fecha límite era enero 2025.

Y luego entró en escena Donald Trump, porque ¿qué drama moderno estaría completo sin él? En su primer día en el cargo (en esta nueva administración), firmó una orden ejecutiva para mantener TikTok funcionando mientras buscaban un acuerdo. Después vinieron tres órdenes ejecutivas más, extendiendo plazos como si fueran las stories de Instagram que no quieres que desaparezcan.

Hubo un momento en abril donde creyeron tener un pacto listo… hasta que China dio marcha atrás tras anuncios de aranceles del gobierno de Trump. Un auténtico “y yo qué soy, ¿un meme?” geopolítico.

La última orden, en septiembre, fue la que Trump dijo que permitiría a TikTok operar “de una manera que cumpla con las preocupaciones de seguridad nacional”. O sea, el final season tiene muchas temporadas aquí.

Al final, lo que tenemos es un respiro. La plataforma sobrevive, pero transformada. Ya no será totalmente china ni totalmente libre en su funcionamiento original. Es como cuando tu app favorita hace una actualización masiva: sigue siendo la misma… pero diferente. El caos y la irreverencia continúan, pero ahora con supervisión y servidores locales.


¿Te sorprendió este desenlace? Comparte esta historia entre tus amigos adictos al scroll infinito y explora más noticias sobre cómo la tecnología está cambiando nuestras vidas (y nuestros feeds).

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De la silla de ruedas al espacio en un cohete de Jeff Bezos

Una ingeniera parapléjica cumple su sueño espacial con Blue Origin, desafiando límites y redefiniendo la accesibilidad más allá de la atmósfera.

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De la silla de ruedas al espacio en un cohete de Jeff Bezos

Foto: Agencia AP.

Imagina esto: pasas siete años atrapado en una silla de ruedas tras un accidente de bicicleta de montaña. Tu sueño es flotar en el espacio, pero claro, “no hay historia de personas con discapacidades volando al espacio”, como tú misma reconoces. Y entonces, ¿qué pasa? Te llama un tipo que trabajó en SpaceX, te ofrece un viaje en el cohete de juguete de Jeff Bezos, y ¡puf! te conviertes en la primera usuaria de silla de ruedas en salir de la atmósfera. La vida, a veces, tiene un sentido del humor bastante literal.

Michaela Benthaus, una ingeniera alemana de 33 años, se rió “todo el camino hacia arriba” durante su vuelo suborbital del sábado con Blue Origin. La cápsula New Shepard se elevó a más de 105 kilómetros sobre el oeste de Texas —porque, ¿qué mejor lugar para lanzar cohetes que el patio trasero de Estados Unidos?— y ella intentó ponerse cabeza abajo en ingravidez. “Fue la experiencia más genial”, declaró después. Claro, cuando has estado confinada a una silla siete años, tres minutos flotando como un globo deben saber a gloria.

La logística (o cómo meter una silla de ruedas en una lata)

Lo más gracioso —o quizás lo más esperanzador— es que Blue Origin afirma que solo requirió “ajustes menores” para acomodarla. Porque sí, la cápsula fue diseñada con accesibilidad en mente. ¿Sus anteriores turistas espaciales? Personas con movilidad limitada, nonagenarios… vamos, el club social más exclusivo y variopinto del sistema solar.

Los ajustes menores incluyeron:

  • Una tabla de transferencia para pacientes para deslizarse entre la escotilla y el asiento (¿alguien pidió un tobogán espacial?).
  • Una alfombra en el desierto tras el aterrizaje para acceso inmediato a su silla (porque nada arruina más el momento que tener que arrastrarse por la arena).
  • Un ascensor en la plataforma para subir los siete pisos hasta la cápsula (afortunadamente, Bezos no les hizo subir por las escaleras).

Benthaus ya había probado la ingravidez en vuelos parabólicos y participado en misiones simuladas. Pero cuando Hans Koenigsmann —el exejecutivo de SpaceX que organizó y patrocinó esto— la llamó el año pasado, pensó que era “un malentendido”. Spoiler: no lo era. Aceptó al instante. ¿Quién rechaza un viaje gratis al espacio pagado por un desconocido? Solo los muy prudentes.

El negocio del sueño (y los precios opacos)

Aquí viene lo bueno: no se revelaron los precios de los boletos. Por supuesto que no. Porque cuando eres el hombre más rico del planeta —o uno de ellos— y quieres enviar a una ingeniera parapléjica al espacio por razones que mezclan filantropía, marketing y capricho, lo último que quieres es que la gente empiece a hacer cuentas. Koenigsmann pagó. Blue Origin puso el cohete. Y todos felices.

Es una misión privada, sin participación de agencias espaciales —aunque la ESA tiene un programa de formación donde Benthaus participa—. Mientras tanto, la NASA autorizó a John McFall, un amputado británico, para un futuro vuelo a la Estación Espacial Internacional. Comparaciones odiosas: McFall usa prótesis y podría evacuar solo; Benthaus no puede caminar y necesitó que Koenigsmann y un ingeniero la bajaran “por el corto tramo de escaleras” tras el vuelo. Pero hey, ¿quién necesita independencia cuando tienes ingravidez?

“Uno nunca debe renunciar a sus sueños, ¿verdad?”, instó Benthaus tras aterrizar.

Su objetivo ahora es mejorar la accesibilidad en la Tierra. Irónico, ¿no? Tienes que salir al espacio para que te tomen en serio sobre mejorar las rampas aquí abajo. Dice que dentro de “mi burbuja espacial” recibe comentarios positivos, pero fuera no siempre es tan inclusivo. Vaya sorpresa.

El vuelo duró 10 minutos. La lista total de viajeros espaciales de Blue Origin subió a 86 personas —entre ejecutivos e inversores— porque nada dice avance humano como llevar millonarios al borde del espacio. Bezos fundó la compañía en 2000 y empezó los vuelos tripulados en 2021; ahora usan cohetes más grandes desde Florida y planean módulos lunares.

Mientras tanto Michaela Benthaus flotó cabeza abajo sobre Texas contemplando nuestro frágil planeta azul desde lo alto dejando atrás —literalmente— su silla por unos minutos gloriosos e ingrávidos demostrando quizás sin quererlo que los límites están donde decidimos ponerlos aunque cueste un dineral y ayuda externa alcanzarlos.


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