Un Nuevo Capítulo de “Diplomacia” a Martillazos
WASHINGTON — El expresidente Donald Trump, en un alarde de modestia que lo caracteriza, declaró que la operación militar del sábado que condujo al derrocamiento forzoso de Nicolás Maduro fue un éxito rotundo. Por supuesto, lo hizo mientras esbozaba un plan tan vago y detallado como una nube: su administración “dirigirá” Venezuela hasta que… bueno, hasta que decida otra cosa. Una transición de poder fluida, sin duda.
Porque, ¿quién necesita signos visibles de tropas en el terreno en Caracas cuando se tiene la fuerza inamovible de la voluntad de un hombre en un resort de Florida? Esta es la audacia que define su estrategia de relaciones exteriores: una fe inquebrantable en que su capricho es ley internacional. “Esta fue una de las demostraciones más impresionantes, efectivas y poderosas del poderío militar y la competencia estadounidense en la historia de Estados Unidos”, proclamó Trump desde su trono dorado en Mar-a-Lago. Por si alguien dudaba de la escala histórica del evento, ahí está la referencia.
El Arte del Derrocamiento Express y las Promesas Vacías
Llegó al cargo prometiendo acabar con los enredos extranjeros, pero he aquí que el sábado se comprometió a regalar “paz” y “justicia” a Venezuela. Un giro argumental que ni el mejor guionista se atrevería a escribir. Esta nueva obsesión venezolana llega en un momento de calma absoluta en su agenda: mientras intenta (o dice intentar) resolver el conflicto entre Israel y Hamás en Gaza y darle un final feliz a la guerra de Rusia en Ucrania. Nada como un proyecto más para no aburrirse.
Pero el camino, oh sorpresa, es peligroso. La Casa Blanca tendrá que lidiar con el pequeño detalle del vacío de poder y la estabilidad de un país devastado por la hiperinflación y la escasez. Un mero trámite. Mientras, los rivales globales toman nota. El presidente chino, Xi Jinping, observa pensando en Taiwán. El presidente ruso, Vladímir Putin, mira hacia Ucrania y la OTAN. ¿Quién necesita un manual de derecho internacional cuando Trump escribe el suyo sobre la marcha?
Trump, sin embargo, no alberga dudas. Los “actores negativos” serán apartados (¿a un resort, quizás?) mientras él hace a Venezuela “grande de nuevo”. Y lo mejor: prometió a los contribuyentes que no pagarán un centavo. “El dinero que sale del suelo es muy sustancial”, declaró con la precisión de un magnate petrolero. “Nos van a reembolsar por todo lo que gastemos”. Una lógica económica impecable: invadir para que te paguen la invasión. ¿Por qué no se le ocurrió a nadie antes?
La Comunidad Internacional: Entre la Inquietud y el Telegram
La acción generó “nueva ansiedad” en las capitales mundiales, que intentan adaptarse a la “nueva normalidad” de Trump 2.0, donde el consenso global es tan pasado de moda como la cortesía. Los aliados europeos, que ya miraban con recelo la acumulación de tropas en el Caribe, ahora se rasgan las vestiduras. El presidente de la Comisión Europea, António Costa, expresó “gran preocupación”. Francia, a través de su ministro Jean-Noël Barrot, dijo que la operación “infringe el principio de no uso de la fuerza”. Detalles técnicos, sin duda.
En casa, la crítica fue inmediata. El senador Ruben Gallego tildó la acción de ilegal y vergonzosa, pasando de “policía del mundo a matón del mundo”. Mientras, Rusia y China condenaron la violación de la soberanía en comunicados por Telegram y otros medios, en un coro de indignación previsible pero muy cinematográfico.
Pero no todo son críticas. En el sur de Florida, epicentro de la diáspora opositora, hubo celebración. El representante Carlos Gimenez comparó la extradición de Maduro con la caída del Muro de Berlín. Una analogía histórica tan sutil como un puñetazo. Y el secretario de Estado, Marco Rubio, no perdió tiempo en enviar un “saludo” a Cuba: “Si viviera en La Habana y estuviera en el gobierno, estaría preocupado”. Diplomacia de la vieja escuela, con toque de gangster.
Epílogo: El Líder que No Está y el Petróleo que Sí
El final de esta tragicomia aún se escribe. Trump descartó un plan de transición propuesto por el propio Maduro, porque reconocer la legitimidad de un gobierno “narco-terrorista” no entra en el guion. En cambio, promete que las “mejores compañías petroleras del mundo” invertirán miles de millones. Los mayores beneficiarios, asegura, serán los venezolanos. Una historia conmovedora donde el héroe salva a un país… y su petróleo.
Mientras, la oposición venezolana recuerda que para ellos el presidente legítimo es el exiliado Edmundo González. Trump dice no estar listo para comprometerse con un líder en particular, pero promete permanecer “muy involucrado”. Al fin y al cabo, como él mismo sentenció: “No podemos arriesgarnos a dejar que alguien más dirija (Venezuela)”. Porque, claramente, la autodeterminación de los pueblos es un concepto sobrevalorado cuando hay recursos naturales de por medio.
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