La OEA se mete donde no la llaman (y Sheinbaum no se lo traga)
Ah, la Organización de los Estados Americanos (OEA), ese ente que, cuando no está ocupado emitiendo informes que nadie pidió, probablemente debate qué color de corbata usar en las próximas reuniones. Esta vez, decidió que su opinión sobre cómo México debe manejar su Poder Judicial era tan necesaria como un cactus en un globo aerostático. Y, oh sorpresa, Claudia Sheinbaum no estuvo precisamente encantada.
La presidenta, con esa calma que solo puede venir de años de lidiar con políticos y organismos internacionales, dejó claro que la OEA no tiene vela en este entierro. “No está dentro de sus funciones dar recomendaciones de cómo un país debe decidir su Poder Judicial”, dijo, probablemente con una sonrisa que podría derretir acero. ¿Y dónde lo soltó? En Coatetelco, Morelos, porque qué mejor lugar para recordarle al mundo que México no es un patio trasero.
La Cancillería también entra al quite
Pero no fue solo Sheinbaum. La Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), en un movimiento que nos recordó que todavía hay instituciones con columna vertebral, mandó una nota diplomática al secretario general de la OEA, Alberto Radmin (sí, ese señor cuyo nombre suena a villano de película de espías de bajo presupuesto). El mensaje: “Firme rechazo” a las recomendaciones del informe preliminar de los observadores. Vamos, que les dijeron “gracias, pero no”.
¿Y qué decía ese informe? Básicamente, que México no debería repetir la elección judicial del 1 de junio. Porque, claro, a la OEA le preocupa mucho cómo los países eligen a sus jueces, aunque no tanto como para evitar que algunos de sus miembros tengan sistemas judiciales más corruptos que un juego de póker en un sótano. Ironías de la vida.
La Cancillería, liderada por Juan Ramón de la Fuente, fue aún más allá: acusó a la misión de observación de “rebasar su mandato” y de meterse donde no le incumbe, violando el Artículo 3 de la Carta de la OEA. Ese que dice, básicamente, que cada país puede hacer lo que le dé la gana con su sistema político. ¿O acaso alguien cree que Estados Unidos consulta a la OEA antes de nombrar a sus jueces? Ajá.
Y para rematar, la SRE recordó que el proceso electoral mexicano se apegó estrictamente a la ley. O sea, que si la OEA quería un espectáculo, se equivocó de país. Aquí no hubo golpes de estado ni elecciones amañadas, solo el aburrido (pero necesario) cumplimiento de las normas. Aburrido, pero efectivo.
¿Moraleja? Si la OEA quiere dar recomendaciones no solicitadas, que empiece por casa. Mientras tanto, México seguirá tomando sus propias decisiones, con o sin su bendición. Porque la soberanía no se negocia.
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