Una ofensiva diplomática por la paz
Desde Barcelona, Claudia Sheinbaum lanzó una idea que suena a guión de película. En plena Cumbre en Defensa de la Democracia, pidió desviar el 10% del gasto mundial en armas hacia un programa global de reforestación. Millones de personas plantando millones de árboles. Suena utópico, pero ahí está la apuesta.
“Quiero proponer una acción concreta… En vez de sembrar guerra, sembremos paz, sembremos vida.”
No fue su único movimiento. La presidenta también exigió una declaración contra la intervención militar en Cuba. Un guiño claro a la doctrina tradicional mexicana y un mensaje directo a ciertos actores internacionales. El tablero geopolítico siempre está en su mente.
El discurso como arma política
Sheinbaum habló largo y tendido sobre lo que significa para ella la democracia. Fue un discurso cargado de simbolismo y referencias históricas. Citó a Benito Juárez y a Abraham Lincoln, enarbolando el legado de lucha mexicano como bandera.
“La democracia significa que la vida no se compra, como tampoco la libertad ni la dignidad de los pueblos.”
Defendió una democracia que no sea “de las élites”, sino del pueblo. Que distribuya la riqueza, promueva la participación y busque, nada menos, “la procuración de la felicidad”. Palabras grandes para tiempos complejos.
Finalmente, extendió una invitación: que México sea sede de esta cumbre en 2027. Una jugada para posicionar al país como un mediador clave, un defensor de la autodeterminación y la solución pacífica de conflictos. La pieza está sobre el tablero. Ahora veremos quién responde al movimiento.




