La épica batalla contra los males cotidianos (o cómo vender burocracia con glamour)
Ah, San Pedro Tlaquepaque, ese rincón de México donde el tequila fluye más que el presupuesto en salud. Allí desembarcó Claudia Sheinbaum, nuestra presidenta favorita, para dirigir una asamblea que promete revolucionar la medicina… o al menos llenar formularios con estilo. El programa “Salud Casa por Casa” —que suena más a vendedor de seguros que a política pública— pretende convertir a 700 enfermeros y médicos en los Avengers de los abuelitos, porque ¿qué mejor que un gobierno que entra a tu hogar sin pedir permiso?
“Ustedes son el gobierno en la casa de un adulto mayor”, declaró Sheinbaum con la solemnidad de quien anuncia el descubrimiento de la rueda. ¡Vaya revelación! ¿Acaso pensábamos que eran repartidores de pizzas? La mandataria, en un arranque de realismo mágico, aseguró que estos facilitadores son “lo más cercano” a los ancianos. Más que sus nietos, sus mascotas o incluso su televisor. Prioridades claras.
Gira relámpago (o cómo marcar el territorio como gato en celo)
La presidenta no pierde tiempo: en ocho meses ya recorrió dos veces las 32 entidades federativas. ¿Motivo? Evitar el “divorcio entre pueblo y gobierno”. Claro, porque nada une más que una selfie rápida entre discurso y discurso. Mientras tanto, el programa promete visitas mensuales para prevenir enfermedades, crear expedientes digitales (¿alguien les avisó que muchos adultos mayores aún usan teléfonos de disco?) y recetas mágicas para las Farmacias del Bienestar —donde, irónicamente, la escasez es la única cosa garantizada—.
Y por si fuera poco, desde el 2 de junio habrá un call center médico. Porque nada dice “atención personalizada” como un número 800 donde, tras 40 minutos de espera, te atiende un practicante estresado. 20 mil profesionales recibirán orientación vía llamada o videollamada, porque ¿para qué ir al médico si puedes verlo pixelado en tu tablet?
Sheinbaum, en un ataque de humildad, calificó el programa como “el más ambicioso del mundo”. Suena grandioso, hasta que recuerdas que Corea del Sur monitorea a sus ancianos con robots y Dinamarca tiene enfermeros pagados decentemente. Pero detalles, ¿no?
Jalisco: el Silicon Valley de los semiconductores (o eso quieren creer)
Entre tanta pompa sanitaria, la mandataria soltó que Jalisco se convertirá en el hub de semiconductores. ¿El plan? Atraer inversiones privadas mientras el IMSS sigue usando máquinas de escribir. El gobernador Pablo Lemus, en modo yes-man, aplaudió la coordinación entre gobiernos. “La salud es lo más importante”, dijo, omitiendo que su estado gasta más en festivales que en hospitales.
Al final, firmaron un convenio entre Bienestar e IMSS, porque en México nada avanza sin un acto protocolario y un Zoé Robledo sonriendo para la foto. ¿Resultados? Los veremos “en uno o dos años”, es decir, justo para la próxima campaña electoral. Conveniente.
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