“¡Cómo creen que vamos a entregar el petróleo!”
El escenario era Palacio Nacional, pero el guión lo escribió la historia. Claudia Sheinbaum, con esa mezcla de indignación genuina y cálculo político que la caracteriza, trazó una línea en la arena este miércoles. El fracking, ese tema que divide aguas y fractura comunidades, no será una puerta trasera para que las grandes petroleras internacionales entren a México.
“¡Cómo creen que nosotros, que hemos luchado tanto, vamos a entregar el petróleo a las empresas trasnacionales! ¡Pues no somos Calderón, no somos Peña!”
La frase no fue solo un golpe de efecto. Fue un mensaje directo a quienes esperaban que, bajo la revisión del T-MEC, se abriera la llave a la explotación masiva. Sheinbaum conectó inmediatamente con el nervio más sensible del proyecto de la Cuarta Transformación: la soberanía energética.
“¡Nosotros no vamos a entregar nuestros recursos naturales al extranjero, cómo creen! ¡Imagínense, si es la esencia de la transformación!”
Pero aquí está el detalle que muchos están pasando por alto. La presidenta no dijo un ‘no’ rotundo al fracking. Lo que hizo fue poner condiciones casi imposibles de cumplir para cualquier empresa.
La batalla se jugará en las comunidades
Sheinbaum anunció que cualquier proyecto tendrá que pasar por el filtro de consultas comunitarias. Y no habló de trámites rápidos.
“Hay que ver si es una consulta nacional o es una consulta en la zona… porque finalmente van a ser las comunidades afectadas. Entonces, vamos una por una, una por una.”
Recordó casos como los Polos de Bienestar donde las propias comunidades han rechazado proyectos. El mensaje a los grupos ambientalistas fue claro: serán escuchados, pero la decisión final será “responsable”. ¿Responsable para quién? Ahí está el misterio.
Mientras tanto, en el tablero real, Sheinbaum reveló movimientos concretos:
- Los contratos con Repsol están cancelados
- Pemex se enfoca en recuperar gas quemado y explotar yacimientos convencionales
- Solo queda un contrato activo… y sin autorización para expandirse
La estrategia es clara: ganar tiempo mientras se fortalece Pemex y se apaciguan ánimos. Pero el reloj del T-MEC sigue corriendo, y Estados Unidos observa cada movimiento.
Al final del día, Sheinbaum puso en escena lo que mejor sabe hacer: defender la bandera de la soberanía mientras maneja con pinzas un tema explosivo. El teatro político tiene su nueva obra maestra… pero el público todavía no sabe cómo termina.




