La cruda dependencia que la mañanera no puede maquillar
Claudia Sheinbaum lo dijo con todas sus letras este martes. México depende de Estados Unidos para tres cuartas partes del gas que consume. Un dato que, dicho en Palacio Nacional, suena menos a plan maestro y más a confesión de vulnerabilidad.
“Nosotros dependemos al menos 75% del gas que consumimos viene de Estados Unidos”
La justificación oficial es conocida: las heladas al norte de la frontera encarecen el suministro. Pero el diagnóstico no es nuevo. Lo verdaderamente novedoso es escuchar a una presidenta heredera del proyecto de “soberanía energética” admitir, sin anestesia, la magnitud de la dependencia.
¿La solución? Un plan que prometen presentar este mismo mes para producir más gas y energías limpias localmente. Sheinbaum lo llamó “fundamental”. Cualquier abogado te diría que es la clásica promesa in futuro, mientras el problema es bien presente.
Lo curioso es el contraste. Mientras se anuncia esta urgencia por dejar de comprar gas a los vecinos, se celebra que “ya la mayor parte de la gasolina la producimos aquí”. Una victoria en un frente no compensa la derrota estratégica en el otro.
La memoria es larga en este tema. La administración anterior hizo de la autosuficiencia energética un estandarte. Hoy, su sucesora reconoce que en el combustible clave para la industria y los hogares, seguimos atados al clima y a los precios de Texas. La soberanía, al parecer, aún está en veremos.




