El vecino del norte no puede dejar de comprarnos
Los números son contundentes y hablan por sí solos. En pleno 2025, con toda la retórica proteccionista sobre la mesa, México le vendió a Estados Unidos bienes por la friolera de 534,874 millones de dólares. Un crecimiento del 5.8% que no es solo un dato, es un golpe sobre la mesa.
Este desempeño se registró a pesar de la política arancelaria impulsada por el gobierno del presidente Donald Trump.
Ahí está el detalle. La narrativa del conflicto y los aranceles choca contra el muro de la realidad económica. Las cadenas productivas, integradas como un solo cuerpo bajo el T-MEC, demostraron ser más fuertes que cualquier discurso político.
Un superávit que cuenta otra historia
No solo vendimos más. La balanza comercial se inclinó drásticamente a nuestro favor. México registró un superávit histórico de casi 197 mil millones de dólares. Para ponerlo en perspectiva: cada mes del año pasado, le ganamos a la economía más poderosa del mundo por unos sólidos 14,200 millones.
Las importaciones estadounidenses hacia nuestro país también crecieron, hasta los 337,960 millones. Pero el flujo neto fue claro y contundente. Este intercambio bilateral total, que rozó los 873 mil millones, consolida a México como el principal socio comercial de Estados Unidos, dejando atrás a Canadá y China.
La integración es tan profunda que parece irreversible. Cada vez que alguien en Washington habla de desacoplar o imponer barreras, los hechos le responden con cifras récord. El T-MEC ya no es solo un tratado; es la columna vertebral de una relación económica que define el destino de ambas naciones.
La resiliencia de nuestra economía frente a la adversidad internacional no es un eslogan. Son camiones cruzando la frontera norte cada minuto, son fábricas operando las 24 horas. Es la vida real ganándole al teatro político.




