¿Para qué sirven realmente las becas?
La cifra es elocuente y habla por sí sola: solo el 35.3% del dinero de las Becas Benito Juárez termina en algo relacionado con la escuela. Lo dice un estudio sobre el programa. El resto, el otro casi 65%, se funde en el presupuesto familiar.
¿Comida? Sí. ¿Transporte? También. ¿Ropa? Por supuesto. Incluso ahorro o gastos que nada tienen que ver con cuadernos o uniformes.
Un cheque sin control
Aquí está el detalle que pica y se extiende: la Coordinación Nacional de Becas no tiene forma de rastrear en qué se gasta cada peso. No hay mecanismos de seguimiento. El dinero se deposita y su destino oficial… se desvanece.
Los hogares integran la beca a su gasto cotidiano.
Esa es la conclusión fría del informe, basado en encuestas a quienes reciben el apoyo. En la práctica, es una transferencia más para la economía doméstica, no un recurso etiquetado.
Los expertos matizan: esto no significa necesariamente un mal uso. Refleja, sobre todo, la realidad económica apretada de las familias. La beca llega y ayuda a tapar agujeros urgentes.
Pero luego viene la advertencia: si no sabes a dónde va el dinero, ¿cómo mides su impacto real? ¿Cómo evalúas si realmente está ayudando a que los chicos sigan en la escuela?
La falta de objetivos claros y de evaluación convierte al programa en una caja opaca. Se pide fortalecer los mecanismos de seguimiento y redefinir el enfoque.
Mientras tanto, la beca funciona como lo que es: un alivio económico inmediato para los bolsillos más golpeados. La pregunta incómoda queda flotando: si solo un tercio llega al aula, ¿sigue siendo principalmente un programa educativo?




