Cuando el Estado pasa la charola
Andrés Manuel López Obrador tiene una especialidad política que pocos le discuten: la capacidad de sacar la mano y pedirle dinero directamente a la gente. No es algo nuevo. Es un patrón que ha marcado su trayectoria, desde candidato hasta expresidente reapareciendo en escena.
Su argumento siempre es el mismo: proyectos prioritarios que requieren de la participación directa de la sociedad. Suena bonito, ¿verdad? La democracia con billetera.
El fideicomiso que despertó sospechas
Uno de los casos más emblemáticos fue el fideicomiso “Por los demás”, creado tras el sismo de 2017. La idea era ayudar a damnificados. Loable. El problema llegó cuando el INE investigó depósitos en efectivo cuyo origen no quedó claro.
El Tribunal Electoral revocó las multas, pero la duda sobre ese dinero nunca se disipó del todo.
Es ese tipo de detalles que hacen ruido. Dinero en efectivo, origen opaco, y luego una resolución judicial que limpia el expediente pero no las suspicacias.
El avión que nadie ganó (y terminó en Asia)
Luego vino el gran espectáculo: la rifa del avión presidencial en 2020. Un Boeing 787 convertido en premio mayor para eliminar un “gasto excesivo”. Se recaudaron cerca de 2 mil millones de pesos en boletos vendidos a todo el país.
Pero aquí está lo curioso: el avión no lo ganó ningún ciudadano común. Terminó vendido a Tayikistán en 2023 por mil 658 millones. ¿Dónde quedó la diferencia? Según el gobierno, se destinó a hospitales.
Organizaciones de análisis presupuestario señalaron que esos fondos solo cubrieron una parte de lo prometido.
Otra vez. La promesa grande, la ejecución parcial, y las cuentas que nunca cierran del todo. Es un déjà vu institucional.
Lo más interesante no es lo que se hizo, sino lo que este método revela: una constante apelación al bolsillo ciudadano para suplir o complementar lo que debería ser una función estatal clara y auditada. Cada vez que pasa la charola, queda la pregunta incómoda: ¿realmente era necesario, o simplemente más conveniente?
La memoria es corta, pero los patrones son largos. Y este, amigos, es uno de los más persistentes.




