Un espectáculo que sanó corazones… o al menos los distrajo con brillantina
Ah, las Ha*Ash. Esas hermanas que, en un alarde de originalidad, decidieron que Monterrey necesitaba urgentemente un pedacito de Nashville. O algo así. Porque, seamos honestos, ¿quién no ha soñado con ver el Domo Care convertido en un antro country? Exacto, nadie. Pero ahí estaban Hanna y Ashley, armadas hasta los dientes con botas, sombreros y más instrumentos que una banda de secundaria, dispuestas a “sanar corazones” (o vender boletos, qué sé yo).
La gran entrada: tardía pero con estilo
Las divas aparecieron a las 22:48 horas, porque claramente el “fashionably late” es parte de su encanto. Mientras el público esperaba, las pantallas proyectaban… algo. Probablemente un video inspirador o un comercial de sus propios discos, quién sabe. Pero cuando por fin surgieron, ¡oh sorpresa!, Hanna con su guitarra (como si no la hubiéramos visto antes) y Ashley, la hiperactiva del dúo, exigiendo palmadas como si el público le debiera dinero. Así arrancaron con “No Te Quiero Nada”, porque nada dice “bienvenidos” como una canción sobre el desamor.
Y por supuesto, no podían estar solas. ¿Cinco músicos? ¡Obvio! Porque tocar dos instrumentos a la vez no era suficiente para demostrar su talento multidisciplinario. Entre guitarras, armónicas, panderos y un piano que apareció como por arte de magia (o de un equipo de stagehands malpagados), el espectáculo era tan country como un taco de birria en Tennessee.
El repertorio: de lágrimas a cumbia en 0.5 segundos
Desde “Te Dejo en Libertad” (irónico, considerando que nadie en el público podía irse) hasta “Supongo que lo Sabes” (spoiler: no lo sabíamos), las hermanas demostraron que pueden cantar de todo, menos quizá ópera. Pero el momento cumbre llegó con “Mi Niña Mujer”, esa cumbia grabada con Los Ángeles Azules que, admitámoslo, nadie vio venir. ¿Country mezclado con cumbia? Claro, porque en Haashville las reglas las inventan sobre la marcha.
Ashley, la hermana “fiestera”, sugirió amablemente que si alguien llegó con el corazón roto, le invitaran un trago. Porque nada cura el dolor como el alcohol y una canción triste cantada a gritos. Mientras tanto, Hanna, la “seria” del dúo (aunque igual de dramática), aseguró que “en Haashville nadie está solo”. Mentira. Todos estábamos solos, pero con 5,000 desconocidos alrededor.
La falsa despedida y el viaje a Europa
Como en todo buen concierto, hubo una falsa despedida después de “Odio Amarte” (que mezclaron con “Vaquera”, porque ¿por qué no?). Pero, oh sorpresa, seguían vivas. Y no solo eso: anunciaron que su gira las llevará a Europa. Porque si hay un continente que clama por country pop en español, es ese. Seguro en Berlín están esperando con ansias su versión de “100 Años” con fans en el escenario (benditos los elegidos).
En resumen: Ha*Ash logró lo imposible: hacer que un jueves en Monterrey se sintiera como un sábado en Nashville. O algo parecido. ¿Sanaron corazones? Quizá no. ¿Entretuvieron? Como un circo con buena música. Y eso, queridos lectores, es más de lo que muchos pueden presumir.
¿Te lo perdiste? Comparte esta nota y revive el caos country-pop en tus redes. O mejor aún, ¡ve a verlas en Europa y cuéntanos si logran convencer a los alemanes de bailar cumbia!
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