¿Nueva credencial o nuevo registro?
Rosa Icela Rodríguez, la secretaria de Gobernación, se sometió al escáner. Sus huellas dactilares y rasgos faciales ahora forman parte de su Clave Única de Registro de Población (CURP) actualizada. El gobierno federal llama a esto “modernización”. Yo le llamo expansión del catálogo biométrico estatal.
“El nuevo sistema permitirá contar con registros más seguros, confiables y verificables para toda la población”, declaró la funcionaria.
Suena bien. Suena a protección. Pero la historia nos ha enseñado que cada base de datos “segura” tiene su día cero, su filtración, su uso… digamos, creativo.
La promesa versus el precedente
Rodríguez enumeró los supuestos beneficios: evitar duplicidades, frenar la suplantación y detener el mal uso de información personal. Son las mismas promesas que acompañaron al RFC, a la credencial de elector y a cada documento “definitivo” anterior.
¿La novedad? Que este proyecto lleva el sello de Claudia Sheinbaum y busca convertir la CURP en la llave maestra para todos los trámites gubernamentales. Eficiencia, le llaman. Centralización de poder sobre tus datos, podría llamarse también.
Lo más curioso llegó al final: mencionaron su “posible utilidad en la búsqueda de personas”. Ahí está. La semilla del doble uso. Hoy es para protegerte, mañana podría ser para localizarte.
La implementación será “progresiva”. Claro. Como siempre. Primero convencen con el discurso de la seguridad. Después la hacen obligatoria para recibir cualquier apoyo o servicio. La memoria es corta, pero los archivos digitales son eternos.
Mientras ellos escanean huellas y rostros, nosotros deberíamos escanear las intenciones detrás de cada nueva base de datos. La tecnología avanza. El escepticismo ciudadano debe avanzar más rápido.




