¿Listos para la rifa olímpica? Exestrellas sacan brillo a sus medallas
Ah, el eterno ciclo de la vida olímpica. Primero te rompes el cuerpo por la gloria, luego te retiras y, finalmente, te conviertes en un elegante maniquí de lujo para campañas de venta de entradas. Así es, amigos. Este martes, bajo el peristilo del Memorial Coliseum de Los Ángeles – ese lugar que huele a historia, hot dogs y sueños rotos – se reunió lo que parecía una convención de superhéroes deportivos jubilados.
Allí estaban. Nadia Comaneci, la mujer que logró el primer 10 perfecto y nos hizo creer que la perfección era posible (spoiler: no lo es). Apolo Ohno, el tipo que patinaba tan rápido que parecía desafiar las leyes de la física y ahora probablemente desafía las leyes del tráfico de LA. Bart Conner y Cullen Jones, completando un cuadro tan diverso como las disciplinas olímpicas mismas. En total, más de 300 almas que alguna vez sudaron la gota gorda por una medalla, ahora posaban sonrientes bajo un “cielo azul claro de invierno”. Porque claro, hasta el clima coopera cuando se trata de hacer marketing. ¿Será parte del paquete Premium?
El motivo de este emotivo (y fotogénico) reencuentro era, cómo no, anunciar que ya puedes registrar tu correo electrónico para tener la oportunidad de tener la oportunidad de comprar entradas. Sí, has leído bien. No es comprar. Es registrarte para un sorteo que te dará un horario para, quizás, en abril, intentar comprar algo. Suena menos complicado descifrar el código de puntuación de la gimnasia artística.
“Los Ángeles está comprometida a ofrecer unos juegos centrados en los atletas”, afirmó Janet Evans, directora de deportistas del comité y campeona nadadora que seguramente añora más las piscinas que estas ruedas de prensa.
Por supuesto. Centrados en los atletas. Por eso los reunen a todos… ¡para una sesión de fotos previa al lanzamiento del portal web! Nada dice “te valoramos” como convertirte en el fondo decorativo de un banner publicitario. Aunque hay que reconocer su esfuerzo: lograron juntar a representantes de 28 ediciones olímpicas distintas, desde 1960. Eso es casi tantas ediciones como cambios ha habido en los diseños de los uniformes (y en algunos casos, con igual dudoso gusto).
El momento más sincero –y por tanto, extraño– lo protagonizó Apolo Ohno:
“Entré y literalmente vi a unos 50 de mis amigos con los que crecí… No he visto a algunas de estas personas en diez años o más”.
Qué bonito. Un reencuentro forzado por obligaciones contractuales. La verdadera magia olímpica no está en el pebetero, sino en esos abrazos incómodos entre excompañeros a los que solo saludas por LinkedIn.
Bart Conner, siempre práctico, soltó la perla informativa: la mayoría de las instalaciones ya están construidas. Vaya revelación. En Los Ángeles ya tienen estadios; en Oklahoma City tendrán… softbol y canoa. Una combinación tan natural como el sushi con kétchup. Pero oye, al menos eso permite –según él– “centrarse en los competidores”. O sea, en hacer más sesiones fotográficas con ellos.
Mientras los exatletas daban declaraciones sobre su “voz” siendo escuchada (¿en meetings sobre colores del logo o textura del tartán?), Nadia Comaneci giraba elegantemente para los fotógrafos. La misma que revolucionó Montreal ’76 ahora revoluciona el arte del posing profesional. Ella y Conner celebrarán pronto sus 30 años de matrimonio. Treinta años juntos… casi tanto tiempo como llevamos esperando unos Juegos Olímpicos organizados con sentido común.
El gran sorteo del siglo (o cómo conseguir tu boleto)
Aquí va la información útil entre tanta ironía: si quieres sufrir la emoción de intentar pagar por ver deportes dentro de seis años, debes registrarte desde hoy miércoles en Tickets.LA28.org. Es gratis… registrarse. Luego te asignarán un horario aleatorio (¡más aleatoriedad! Justo lo que amamos) para acceder a futuras ventas.
Posteriormente venderán entradas individuales, paquetes “de hospitalidad” (que incluyen probablemente un saludo grabado de un exatleta) y paquetes con viaje y alojamiento. Porque nada complementa un evento sobre superación humana como un all-inclusive en un hotel con spa.
En resumen: un grupo irrepetible de leyendas se reunió no para competir, sino para recordarnos que el espíritu olímpico también se mide en clics y bases de datos. El mensaje está claro: los atletas son el corazón… del plan de marketing. ¿Absurdo? Tal vez. ¿Efectivo? Sin duda veremos a millones correr a registrarse.
Al fin y al cabo, ¿quién puede resistirse a formar parte –aunque sea como espectador potencial– del circo más grande (y caro) del mundo?
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¿Te tentó la posibilidad? Comparte esta joya sarcástica con ese amigo que aún cree que las mascotas olímpicas son adorables y no productos merchandising. Y si quieres más análisis donde desmontamos eventos grandilocuentes con humor ácido… ya sabes dónde seguir leyendo.




