Parece que en la Cámara de Diputados han descubierto la rueda… por tercera vez. O eso, o tienen una fijación casi artística con modificar los mismos artículos constitucionales una y otra vez, como si se tratara de un borrador que nunca queda perfecto. En un alarde de eficiencia legislativa que nos deja a todos boquiabiertos, la Comisión de Puntos Constitucionales aprobó, con 27 votos a favor, cinco en contra y la clásica abstención de quien no se quiere mojar, un dictamen que busca enmendar la plana a una reforma anterior. ¿El objetivo? Dotar al Senado de la República y a la Comisión Permanente de la potestad de dar el visto bueno a los nombramientos de los jefes superiores de la Guardia Nacional que proponga el Presidente. Porque, claro, ¿qué podría salir mal al dejar que los militares controlen a la policía? ¡Es una idea tan novedosa!
La oposición alza la voz, o al menos, intenta que se le escuche
En un giro argumental que nadie vio venir (nadie, excepto todo el mundo), los diputados del PRI y PAN votaron en contra. Su argumento, envuelto en un celofán de congruencia, es que ya se opusieron a la militarización de la seguridad cuando la Guardia Nacional fue traspasada a la Sedena, y no van a cambiar de opinión ahora. Qué nobles, manteniendo sus principios firmes como una roca… o como un diputado en su escaño.
El diputado Alejandro Domínguez del PRI soltó la joya de la corona: “militarizar la seguridad no es correcto”. Una afirmación audaz, valiente y, sobre todo, tan oportuna como un paraguas en un desierto. Advirtió, con la seriedad de un profeta del apocalipsis, que si seguimos por esta ruta tendremos “resultados fatales” y se le restará credibilidad a las instituciones. ¿Se referirá a la misma credibilidad que se esfumó con los miembros de la Marina acusados de robar combustible? ¡Detalles, detalles!
Por su parte, la diputada Cristina Márquez del PAN, con la paciencia de una santa, señaló lo obvio: modificar el mismo artículo constitucional tres veces en menos de un año no es exactamente una señal de trabajo profesional. Vamos, que hasta un estudiante de derecho en exámenes finales planifica mejor sus ensayos. Acusó a la mayoría de Morena y sus aliados de legislar sin analizar, un deporte extremo que parece estar de moda. “El tema de fondo aquí es la militarización“, declaró, como si acabara de descubrir el agua tibia. Bravo.
La crítica desde la (casi) aprobación
Pero no todo fue oposición férrea. La diputada Laura Hernández de Movimiento Ciudadano (MC) nos regaló la posición más surrealista del día: votarán a favor, pero no les gusta nada. Lamentó, con un suspiro que casi se puede leer entre líneas, que la Cámara de Diputados tenga que estar corrigiendo “errores y llenando un vacío normativo” por la premura de legislar. O sea, van a aprobar algo que consideran mal hecho porque, al parecer, corregir el error a fondo sería demasiado pedir. Una lógica impecable, sin duda.
Expresó que esta reforma constitucional evidencia las consecuencias de legislar a las carreras, generando “autonomías jurídicas” por fallas de análisis. Básicamente, admitió que el trabajo original fue tan deficiente que ahora necesitan un parche sobre otro parche. ¿No les recuerda a cuando intentan arreglar un bache con un poco de asfalto y al día siguiente es más profundo? La vida imita al arte, y la política mexicana imita a una comedia de errores.
El colmo de la ironía es que todo este circo se debe a que, en la vorágine de adscribir la Guardia Nacional a la Secretaría de la Defensa Nacional, se les “olvidó” incluir el control parlamentario sobre los nombramientos. Un pequeño descuido, como olvidar ponerle azúcar al café. Total, ¿qué importancia tiene quién dirija a un cuerpo de seguridad nacional? Cosas sin importancia.
En resumen, estamos ante un espectáculo donde la prisa por marcar un tanto político ha generado un galimatías jurídico que ahora intentan resolver con más prisa. La militarización de la seguridad pública sigue su curso, acompañada de un coro de quejas que, al final, parece quedar en nada. Porque, seamos sinceros, en este país lo absurdo a menudo se normaliza con una velocidad pasmosa.
¿Qué nos depara el futuro? Probablemente, una cuarta modificación al mismo artículo el año que viene. Porque la perseverancia es la clave del éxito, o al menos, de mantener ocupados a nuestros ilustres legisladores.
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