La Reforma Express: Cuando el Senado se convierte en el jefe de los jefes de la GN
Bueno, bueno, bueno. Parece que en la Cámara de Diputados hicieron un sprint legislativo que dejaría sin aliento a cualquier corredor de maratón. En lo que nosotros apenas nos decidíamos por qué serie maratoniar el fin de semana, el pleno diputado, con una eficiencia que da envidia, emitió la declaración de constitucionalidad de una reforma que suena a capítulo de House of Cards, pero versión México. Estamos hablando nada más y nada menos que de modificar los artículos 76 y 78 de nuestra querida y parcheada Constitución. ¿El objetivo? Darle al Senado de la República y a la Comisión Permanente el superpoder de dar el visto bueno (o no) a los nombramientos de los coroneles y demás jefazos de la Guardia Nacional que se le ocurran al titular del Ejecutivo. Básicamente, el presidente ya no puede simplemente señalar con el dedo y decir “tú, sígueme”; ahora tiene que pasar por el filtro de los senadores. Algo así como pedirle permiso a tus papás para salir, pero en escala gubernamental y con uniformes.
El dictamen, que fue aprobado la semana pasada con una votación que no dejó lugar a dudas –348 votos a favor de la coalición gobernante (Morena, PT, PVEM y MC) frente a 98 votos en contra del PRI y PAN–, logró lo impensable en el mundo de la burocracia mexicana: la aprobación de 21 congresos locales en solo siete días. Sí, leíste bien, ¡siete días! Un trámite que normalmente toma meses, o hasta años, se resolvió en un tiempo récord, más rápido que la entrega de un repartidor de apps cuando le subes la propina. Esto nos hace preguntarnos, con todo el sarcasmo del mundo, ¿será que cuando hay voluntad política las cosas sí pueden fluir? O quizá simplemente fue un caso de “aquí mando yo y lo que yo diga se hace”. Ustedes juzguen.
El Tour por los Estados: Los que dijeron “Sí, jefe”
La lista de las legislaturas estatales que dieron su aval parece el itinerario de una gira política express. Firman y al siguiente destino. Entre los que levantaron la mano sin titubear están Baja California, Campeche, Chiapas, Colima, Durango, Guerrero, Hidalgo, el Estado de México, Michoacán, Morelos, Oaxaca, Quintana Roo, San Luis Potosí, Sinaloa, Sonora, Tabasco, Tamaulipas, Veracruz, Yucatán, Zacatecas y, por supuesto, la siempre protagonista Ciudad de México. Vamos, que fue un “sí” casi unánime en el territorio, una especie de ola mexicana legislativa que recorrió el país a velocidad de rayo.
La cereza del pastel vino con el anuncio oficial de la presidenta de la Mesa Directiva, Kenia López Rabadán, quien, con la solemnidad de quien lee los términos y condiciones que nadie lee, expuso: “Una vez realizado el cómputo de los votos aprobatorios de la mayoría de las legislaturas de los estados y de la Ciudad de México, se emite el siguiente proyecto de declaratoria…”. Y aquí viene lo jugoso: citando el artículo 135 de la Constitución Política, declararon reformados los artículos 76 y 78 en materia de ratificación de grados superiores de la Guardia Nacional. O sea, le pusieron un candadito más al proceso. Suena bien, suena a controles y balances, a ese sueño democrático donde una mano lava a la otra y ambas lavan la… bueno, ustedes me entienden.
Tras esta declaratoria, que tuvo más drama que un final de temporada de tu serie favorita, el asunto se remitió a la Cámara de Senadores para sus efectos constitucionales. Aquí es donde la película se pone interesante, porque ahora son los senadores los que tienen la batuta. Imagínense la escena: el Ejecutivo propone un nombre para un mando clave en la Guardia Nacional, y los senadores, con sus binoclines legislativos, lo examinan de pies a cabeza. ¿Pasará la prueba? ¿Habrá preguntas incómodas? ¿Será este el inicio de una nueva era de escrutinio real sobre los altos mandos de una institución clave para la seguridad nacional? O, por el contrario, ¿se convertirá en un mero trámite protocolario donde todos sonreirán y darán el sí por compromiso? El tiempo, y los memes, lo dirán.
Lo que es un hecho es que esta reforma marca un precedente significativo. Le quita un poco de poder absoluto al Ejecutivo en un área tan delicada como son los mandos de la Guardia Nacional y lo comparte con el poder legislativo. En teoría, esto debería traducirse en una mayor transparencia y en la elección de perfiles más idóneos y menos… digamos, allegados. Es un paso hacia un sistema de contrapesos más robusto, algo que, en un país con nuestra historia, siempre es bienvenido. Aunque, seamos honestos, también abre la puerta a un nuevo campo de batalla político. ¿Podrán los senadores resistir la tentación de usar esta nueva facultad como moneda de cambio o herramienta de presión? Esa es la pregunta del millón, y la respuesta probablemente nos la dé la próxima nominación importante. Mientras tanto, nosotros, la audiencia millennial, nos quedamos con los palomitas, scrollendo en nuestras redes, esperando el próximo capítulo de esta telenovela llamada “La Política Nacional”.
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