El país se paraliza tras un golpe histórico
La noticia corrió como pólvora: Nemesio Oseguera Cervantes, ‘El Mencho’, había caído en las montañas de Tapalpa, Jalisco. Pero el silencio no duró ni una hora. Lo que siguió fue un estallido de furia y caos coordinado que paralizó media República.
252 bloqueos. En 20 estados. Esa fue la respuesta inmediata del Cártel Jalisco Nueva Generación. Una demostración de fuerza brutal, como si el monstruo, al recibir el golpe mortal, descargara toda su ira en un espasmo final.
“Desde el primer momento se activaron protocolos de atención inmediata”, informó el Gabinete de Seguridad.
Pero los números hablan por sí solos. Jalisco, el epicentro del cártel, concentró 65 bloqueos solos. Carreteras federales, estatales, avenidas estratégicas… todo se convirtió en un campo de batalla improvisado.
Un despliegue militar para recuperar las calles
La Sedena y la Guardia Nacional salieron a las calles en un operativo masivo. El objetivo era claro: despejar, contener y proteger. Para las 8 de la noche, aseguraban haber levantado el 90% de los bloqueos. Quedaban 23 focos activos y cuatro cierres parciales.
Aguascalientes, Baja California, Chiapas… la lista de estados afectados es un mapa del poder territorial del CJNG. Bloqueos ‘focalizados’, les llaman las autoridades. Yo lo llamo terrorismo vial.
Las carreteras principales ya están libres, dicen. Los puntos restantes están ‘bajo control operativo’. Pero esa frase burocrática esconde una realidad: hombres armados trabajando contra reloj mientras una nación entera contuvo la respiración.
Ahora viene lo difícil. Las autoridades piden calma y evitan palabras fuertes. Pero esto no es solo sobre tráfico. Es sobre quién manda realmente cuando suena un disparo en la sierra.
El telón cayó sobre El Mencho. Pero la función, me temo, está lejos de terminar.




