Un retroceso sanitario en el continente americano
Expertos internacionales en salud pública confirmaron este lunes que Canadá ha perdido su estatus de erradicación del sarampión, un hito sanitario que había mantenido desde 1998. Esta decisión, tomada por la Organización Panamericana de la Salud (OPS), responde a la propagación continuada del virus durante más de un año, directamente vinculada al descenso en las tasas de inmunización infantil. El virus, de alta contagiosidad, se está diseminando activamente por Norteamérica y Sudamérica, representando un significativo retroceso en el control de enfermedades prevenibles.
El registro epidemiológico canadiense contabiliza 5.138 casos confirmados de la patología y dos defunciones en el presente año. Las víctimas mortales corresponden a dos lactantes que fueron expuestos al patógeno en el útero y que nacieron de forma prematura, un grupo de alto riesgo para las complicaciones graves del sarampión.
Implicaciones de la pérdida del estatus de eliminación
La designación de erradicación o eliminación del sarampión, aunque en gran medida simbólica, constituye un indicador crucial de la resiliencia de los sistemas de salud pública. Se concede cuando una nación demuestra haber interrumpido la transmisión endémica y sostenida del virus dentro de sus fronteras durante un período prolongado, permitiéndose únicamente casos esporádicos importados desde otras regiones. La pérdida de este estatus revela debilidades estructurales en los programas de inmunización.
La enfermedad se manifiesta clínicamente con fiebre elevada y un exantema cutáneo característico que inicia en rostro y cuello. Si bien la mayoría de los pacientes experimenta una recuperación completa, la Organización Mundial de la Salud (OMS) la clasifica entre las principales causas de mortalidad infantil a nivel global. Las complicaciones severas, que incluyen encefalitis (inflamación cerebral) y ceguera, presentan mayor incidencia en niños de corta edad y adultos mayores de 30 años.
Tras las exitosas campañas de vacunación masiva, el continente americano se convirtió en 2016 en la primera región del mundo en ser declarada libre de la circulación autóctona del sarampión. Las estimaciones de las autoridades sanitarias indican que la inmunización sistemática contra este virus previno aproximadamente 6,3 millones de muertes en la región entre los años 2000 y 2023.
No obstante, esta trayectoria positiva se ha revertido. Las coberturas vacunales en el hemisferio han experimentado un descenso constante, situándose por debajo del umbral crítico del 95% necesario para generar inmunidad colectiva o de rebaño y contener eficazmente los brotes. Este fenómeno ya tuvo consecuencias previas: grandes epidemias en Venezuela y Brasil durante 2018 y 2019 condujeron a la pérdida temporal del estatus de erradicación regional, el cual fue recuperado en 2024, solo para verse nuevamente comprometido con el caso de Canadá.
Panorama epidemiológico regional y factores de riesgo
La situación en Estados Unidos es particularmente preocupante. Su estatus de erradicación, obtenido en el año 2000, se encuentra ahora seriamente amenazado. Aunque el extenso brote que afectó a Texas, Nuevo México y Oklahoma —con un balance de tres fallecidos y casi 900 contagiados— haya concluido, la transmisión activa persiste en otros focos. Actualmente, se registran 34 casos en Carolina del Sur y un brote transfronterizo entre Arizona y Utah que ha superado los 150 contagios desde mediados de agosto.
El presente año se configura como el peor para el sarampión en Estados Unidos en más de tres décadas. Según datos oficiales de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), solo nueve estados no han reportado casos confirmados. La institución ha registrado un total de 1.681 infecciones y 44 brotes distintos en lo que va del año.
Al sur de la frontera, en México, un importante brote permanece activo en el estado de Chihuahua. Los datos de salud estatales, actualizados hasta la semana pasada, confirman 4.430 casos y 21 muertes atribuibles a la enfermedad.
Un hallazgo epidemiológico crucial es la conexión genética entre los distintos brotes. Las autoridades sanitarias mexicanas y estadounidenses han verificado que las cepas virales circulantes en Canadá son genéticamente idénticas a las identificadas en los brotes de Texas y Chihuahua. Esta evidencia apunta a una ruta de transmisión intercomunitaria que afecta a ciertos grupos de la comunidad cristiana menonita, cuyos patrones de migración histórica se extienden a lo largo de generaciones, desde Canadá hacia México y Seminole, Texas.
Esta pauta de dispersión no se limita a Norteamérica. El pasado mes de agosto, la OPS informó de brotes causados por el mismo genotipo viral en comunidades menonitas de Belice, Argentina, Bolivia, Brasil y Paraguay. Cabe destacar que, si bien las iglesias menonitas no prohíben formalmente la vacunación, las comunidades más conservadoras históricamente presentan bajas coberturas de inmunización y un grado significativo de desconfianza hacia las intervenciones gubernamentales.
El informe mensual de la OPS, correspondiente al mes pasado, confirmó la existencia de más de 12.000 casos de sarampión en lo que va del año en al menos diez países diferentes. La mayoría de las infecciones se concentran en Canadá, Estados Unidos y México, mientras que Bolivia ha notificado cerca de 400 casos, según el mismo documento.
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