Un paso contra el abandono institucional
Olga Sosa, senadora de Morena, acaba de poner sobre la mesa una iniciativa que podría cambiar las reglas del juego para las familias destrozadas por el feminicidio. No es solo otra propuesta legislativa. Es un intento directo por tapar uno de los vacíos más dolorosos y absurdos del sistema.
Su proyecto reforma la Ley General de Víctimas y la Ley General de Acceso a una Vida Libre de Violencia. El corazón del asunto es este: reconocimiento automático. Hijos, hijas y personas dependientes de la mujer asesinada serían considerados víctimas indirectas de inmediato, sin tener que esperar a que un juicio termine.
“El feminicidio no sólo vulnera el derecho a la vida de la víctima directa, sino que provoca consecuencias profundas en su entorno familiar”, argumenta Sosa en la exposición de motivos.
Y tiene toda la razón. Mientras el aparato judicial gira lentamente, ¿qué pasa con esos niños? Su mundo se desmorona en segundos: estabilidad emocional, educación, sustento… todo queda en el aire. La ley actual ya los reconoce como víctimas, pero en la práctica es un laberinto. La falta de protocolos específicos genera respuestas tardías, trámites kafkianos y, lo peor, revictimización.
¿Qué cambiaría concretamente?
La iniciativa obligaría al Estado a activar un paquete integral de apoyo desde el minuto uno:
- Atención psicológica especializada.
- Garantía de continuidad educativa.
- Acompañamiento jurídico prioritario.
- Acceso expedito a programas sociales.
El objetivo es claro: evitar que estas familias caigan en el abandono institucional. Que la tragedia no se multiplique por la indiferencia del Estado.
Sosa fundamenta su propuesta en dos pilares sólidos. Primero, la Constitución y su principio del interés superior de la niñez. Segundo, sentencias históricas como la del caso “Campo Algodonero” de la Corte Interamericana, que ya le recordó a México su obligación de reparar integralmente a las víctimas y sus familias.
También busca fortalecer la coordinación con el Sistema Nacional de Atención a Víctimas. Porque de nada sirven los derechos en el papel si las instituciones no hablan entre sí cuando más se necesita.
Al final, esto va más allá de una reforma legal. Es una cuestión de justicia básica. Se trata de materializar ese “enfoque de género” del que tanto se habla y romper, al menos un eslabón, del ciclo infernal de violencia y desprotección. El teatro político a veces produce monólogos vacíos. Esta vez, parece que hay un guión que apunta directamente a sanar una herida social profunda.




