Porque nada dice “transparencia” como un contrato de ductos y una corona
En un giro argumental que ni el guionista más creativo de una telenovela se habría atrevido a plantear, Petróleos Mexicanos, nuestra querida y siempre eficiente empresa estatal, ha decidido que su próxima gran alianza estratégica no es con una tecnológica ni con una energética renovable, sino con el glamouroso universo de los concursos de belleza. Sí, ha leído bien. Mientras usted se preocupa por la gasolina, Pemex estaba ocupadísima tejiendo una red de conexiones que mezcla ductos terrestres con sprays para el cabello y poses de pasarela.
La jugada maestra consiste en un contrato de nada más y nada menos que 745 millones de pesos, otorgado para la construcción de dichos ductos. Los afortunados receptores fueron las compañías Servicios PJP4 de México y su encantadora compañera, Soluciones Gasíferas del Sur. ¿Y qué tiene de especial esta última? Oh, nada fuera de lo común, solo el pequeño detalle de que está ligada directamente a Raúl Rocha</strong, quien, para su sorpresa, no es un ingeniero petrolero, sino uno de los dueños del certamen Miss Universo. Una coincidencia tan deliciosamente improbable que casi parece planeada.
Para hacer la trama aún más redonda y digna de un premio a la mejor comedia tragicómica, Pemex no pudo contener su orgullo y salió a felicitar efusivamente en redes sociales a Fátima Bosch por su victoria en el mencionado certamen. ¿La razón? Resulta que la nueva reina de belleza es hija de Bernardo Bosch Hernández, un empleado de la propia petrolera. ¡Qué pequeño es el mundo! Y qué conveniente, ¿verdad?
La defensa, más brillante que un diamante de corona
Frente a las obvias –y para ellos, seguramente mezquinas– preguntas sobre un posible conflicto de intereses, Pemex salió al quite con la explicación de manual: el contrato se otorgó mediante un concurso abierto y se formalizó un buen día, el 7 de febrero de 2023. Todo en regla, todo legal, todo transparente. Claro, porque en este país las coincidencias familiares y empresariales multimillonarias son tan comunes como encontrar un oasis en el desierto.
Para añadir más leña al fuego de esta absurda fogata, medios colombianos ya habían reportado irregularidades en la decisión final del certamen de Miss Universo. Y por si Raúl Rocha no tuviese suficiente con revolucionar el mundo de la belleza, también ha sido señalado en otros asuntos tan glamorosos como la operación del casino Royal en Monterrey. Un verdadero hombre del renacimiento, involucrado en belleza, energía y juegos de azar. ¿Qué podría salir mal?
Mientras tanto, el señor Bernardo Bosch Hernández, padre de la reina, continúa su impecable labor como coordinador ejecutivo en el área de exploración y producción de Pemex. Un puesto desde el que, sin duda, no tiene ninguna influencia en las decisiones de contratación de la empresa. Sería de una malicia infinita pensarlo.
En resumen, nos encontramos ante una de esas joyas narrativas donde el erario público, los concursos de belleza y los vínculos familiares se dan la mano en una danza tan coordinada que casi parece coreografiada. Una historia que nos hace reflexionar sobre los verdaderos valores que mueven al mundo: el talento, la eficiencia… y, aparentemente, quién tiene la hija más fotogénica.
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