La máquina dorada de Noruega
Fuera del estadio olímpico en los Dolomitas, las banderas noruegas cuelgan como guirnaldas. Es una fiesta constante. Los aficionados escandinavos tienen un campamento y un tablero donde pegan una calcomanía dorada por cada medalla. Ya van 33.
¿Cómo lo hacen? Con solo 5.6 millones de habitantes, Noruega es una superpotencia en la nieve. La respuesta tiene varias caras, pero una brilla más: Johannes Hoesflot Klaebo.
Un líder que sabe ganar
Klaebo, con 29 años, acaba de conseguir su quinto oro en estos Juegos. Eso eleva su récord personal a 10 medallas doradas olímpicas. El miércoles ganó el sprint por equipos conteniendo un ataque final de Estados Unidos.
“En un sprint por equipos, gran parte consiste en mantenerse al frente y esquiar de la manera más eficiente posible”, comentó. “Sabemos por experiencia que normalmente se decide en la última vuelta.”
Su confianza es fruto de la experiencia. > “Por suerte, ya he estado en esa posición unas cuantas veces, y me siento cómodo ahí”.
Pero detrás de un gran atleta hay un gran sistema. Katerina Neumannova, campeona olímpica retirada, lo explica claro:
“Cuando tienes tantos niños, tantos entrenadores y tantos clubes por toda Noruega, es mucho más fácil encontrar un talento especial”.
El esquí de fondo es el deporte nacional. Cientos de clubes y niños que empiezan desde pequeños crean una cantera imparable. No hay vacíos entre generaciones.
El compañero de Klaebo en la carrera del miércoles fue Einar Hedegart, debutante olímpico de 24 años con dos oros ya en su primer campeonato.
“Definitivamente hay cierta presión que viene con competir al lado de Johannes”, admitió Hedegart. “Ganar dos medallas de oro… es una sensación increíblemente buena”.
La tradición es clave. Diez medallas vienen del esquí de fondo, nueve del biatlón. El salto, la combinada nórdica… suman en todas partes.
Finn Dahl, un superaficionado noruego, lo resume mejor: para ellos, el esquí no es solo un deporte.
“Es una forma natural de, digamos, moverse de una cabaña a otra”, refirió. “Es un espíritu, está dentro de ti”.
Ahí está el secreto. No son solo tácticas o talento individual. Es una cultura que respira nieve desde la infancia, un sistema que nutre sin pausa y figuras como Klaebo que saben cerrar los partidos cuando más importa.
Mientras sigan pegando calcomanías doradas en ese tablero, el resto del mundo tendrá que remar mucho para alcanzarlos.




