Martha Lidia Pérez Gumecindo acaba de aterrizar en el que, sin duda, es el trabajo más heavy y emocionalmente demandante del país: la titularidad de la Comisión Nacional de Búsqueda (CNB). Su misión, por si no era suficientemente abrumadora: encontrar a las más de 133,000 personas desaparecidas en México. Sí, leíste bien, más de CIEN TREINTA Y TRES MIL. Una cifra que duele hasta escribirlo.
Asumió el cargo este viernes, prometiendo trabajar codo a codo con los colectivos de víctimas y las fiscalías. Su discurso de inauguración fue todo lo que esperarías: lleno de palabras como “compromiso”, “sensibilidad” y “ética”. Pero, seamos honestos, en un país donde la simulación es deporte nacional, más de uno cruzó los dedos para que esta vez sí sea en serio. Ella misma lo dijo: “La búsqueda no solo es una obligación de los entes de gobierno sino una exigencia social”. No, pues, claro.
Llega para suplir a su antecesora, que renunció hace mes y medio entre críticas feroces de familias y organizaciones de derechos humanos. La barra está por los suelos, lo que quizás juegue a su favor. Cualquier avance, por mínimo que sea, será celebrado como un milagro.
La tarea es titánica, casi misión imposible. El número de desaparecidos no deja de aumentar, y cada semana hay nuevos y siniestros hallazgos de restos y fosas clandestinas que parecen salidos de una pesadilla distópica. El país es un gigantesco rompecabezas forense del que faltan demasiadas piezas.
Un currículum entre claroscuros
A diferencia de la saliente, Pérez Gumecindo no llega en pañales. Su experiencia viene de Veracruz, un estado del Golfo de México que es básicamente la capital no oficial de los cementerios clandestinos. Allí, vio la crudeza del problema de primera mano. Luego dio el salto a la Fiscalía General de la República (FGR).
Pero aquí es donde la cosa se pone interesante, y un poco incómoda. Su hoja de vida está ligada a dos personajes… digamos, ‘cuestionados’. Primero trabajó bajo las órdenes del exfiscal de Veracruz Jorge Winckler, quien actualmente está… ejem, ‘enredado’ en un proceso judicial por presuntos actos de tortura. Luego, bajo el mando del polémico titular de la FGR, Alejandro Gertz Manero. No precisamente los tipos más populares entre los colectivos. Así que su nombramiento viene con una mochila de escepticismo bien cargada.
La opinión dividida: ¿esperanza o más de lo mismo?
Es la primera vez que una fiscal pisa este terreno. La CNB es un departamento creado en 2018 con un mandato muy claro: buscar, no investigar delitos. Ese enfoque ya genera opiniones encontradas. ¿Es mejor una persona con perfil jurídico o una con perfil más humanitario?
Las reacciones en el mundo de las madres buscadoras son mixtas, como los reviews de una nueva serie en Netflix. Lucía Díaz Genao, una buscadora de Veracruz, le dio un “estuvo bien” a su trabajo en el estado, pero un “nah” a su paso por la fiscalía federal, donde dijo que hay mucha “simulación” (o sea, puro teatro).
En la otra esquina, desde Nayarit, Vicky Garay Cázares y otras madres están en modo festejo. Creen que tiene el perfil idóneo: capacidad, voluntad y experiencia en investigación y búsqueda. Alguien que finalmente podría entender la urgencia del asunto.
El Centro de Derechos Humanos Agustín Pro Juárez, esos cracks que llevan, entre otros, el caso de los 43 de Ayotzinapa, se mostró cauteloso. Reconocieron que el proceso de elección no fue tan transparente como el gobierno prometió (surprise, surprise), pero no se mojaron opinando directamente sobre su perfil.
En redes, la conversación ya está que arde. La gente le recuerda que sus retos son brutales: desde unificar los mil y un registros de desaparecidos y bases de datos forenses (que son un caos total), hasta lograr que las instituciones se coordinen y dejen de echarse la pelota. Y, por supuesto, una rendición de cuentas transparente. Nada difícil, ¿verdad?
Héctor Flores, padre de un colectivo de Jalisco (el estado con más desaparecidos), lo resumió con el escepticismo cansado de quien lo ha visto todo: “Esperemos que la esencia de la Comisión Nacional de Búsqueda no cambie. Vamos a esperar”. Esa frase, “vamos a esperar”, es el grito de guerra de una sociedad civil que está harta de promesas bonitas y quiere acciones concretas.
El reloj está corriendo. Cada día que pasa, más familias se suman a esta dolorosa estadística. Martha Lidia Pérez tiene en sus manos no solo una de las instituciones más jóvenes, sino una de las más cruciales para la dignidad del país. Ojalá que su “compromiso y sensibilidad” se traduzcan en resultados tangibles y no en otro capítulo de la misma triste historia.
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