Nacional
Un rayo paraliza el AICM y revela la fragilidad del sistema
El clima demostró quién manda realmente en el cielo capitalino, dejando a miles de viajeros en tierra y a las aerolíneas improvisando.
Cuando Zeus decide jugar a los dardos con el aeropuerto
Parece que los dioses del Olimpo, aburridos de su eterno retiro, decidieron que el sábado pasado era un día perfecto para practicar puntería. Su blanco favorito: la torre de control del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México. En un acto de precisión divina (o de pura y sencilla mala suerte), un rayo, esa fuerza caprichosa de la naturaleza, decidió que no hay mejor lugar para aterrizar que el corazón mismo de las operaciones aéreas. La Presidenta Claudia Sheinbaum, en su rol de mensajera celestial, nos iluminó con la explicación: un fenómeno “muy extraño” y “muy raro”. Porque, claro, en la temporada de lluvias, que un rayo caiga es tan inusual como encontrar un taco bueno en la Zona Rosa. Una verdadera rareza meteorológica.
El resultado fue tan predecible como un final de telenovela: el sistema electrónico del principal aeropuerto del país dijo “hasta aquí llegué” y necesitó un reinicio. Imaginen la escena: cientos de controladores de tránsito aéreo mirando sus pantallas en negro, mientras fuera, el caos se adueñaba de los cielos. Por seguridad, nos cuentan, se decidió parar las operaciones. Una decisión sensata, sin duda. ¿Por qué arriesgarse? Mejor tener a miles de pasajeros varados, aviones dando vueltas en el aire como moscas tontas y otros siendo desviados a aeropuertos alternos que, supongo, no tenían un cartel de “Bienvenidos, imprevistos del AICM”. Todo esto, por supuesto, está cubierto por un protocolo de atención. Un protocolo que, al parecer, incluye el colapso inmediato y la espera resignada.
El heroísmo inadvertido y las quejas virales
Mientras el personal de tierra intentaba recordar la contraseña del router cósmico, el Sindicato Nacional de Controladores de Tránsito Aéreo (SINACTA) aprovechó la coyuntura para lanzar un mensaje que, traducido del lenguaje sindical, significa: “Se los dijimos”. Afirmaron que fueron “pocos controladores bajo intensas jornadas” los que mantuvieron la seguridad aérea. Una frase que suena menos a reconocimiento y más a un grito de auxilio ahogado por el ruido de los motores. Siguen trabajando “bajo protesta”, porque las autoridades, en su infinita sabiduría, aún no reconocen su labor mientras ellos mitigan problemas como la escasez de personal y los salarios bajos. Vaya, quién iba a pensar que tener a la gente que evita que los aviones choquen en el aire, descontenta, podría ser un factor de riesgo.
Y mientras los héroes anónimos del radar hacían malabares, el verdadero termómetro de la crisis, Twitter, explotaba. Viajeros desconcertados, convertidos en expertos en logística aeroportuaria de la noche a la mañana, reclamaban a gritos digitales que los habían desviado a otras terminales aéreas. ¿Acaso no sabían las aerolíneas que tenían una cena familiar o una reunión de trabajo? Aerolíneas como Viva Aerobús, en un acto de proactividad admirable, suspendieron temporalmente sus operaciones y, con la elegancia de quien sugiere un lugar para cenar, “llamaron a usuarios a verificar la información de su vuelo”. Es decir, la estrategia fue: “Ustedes búsquense la vida, que nosotros estamos ocupados reiniciando sistemas”.
La terminal aérea, por su parte, anunció con una calma burocrática envidiable que las operaciones se suspendieron en la pista 05L-23R y que esto prevalecería “aproximadamente dos horas”. Una estimación de tiempo que, en el mundo real, se tradujo en una eternidad de mal humor, cafés fríos y un redescubrimiento forzado de la paciencia humana. Las intensas lluvias no solo paralizaron las operaciones, sino que mantuvieron “múltiples aeronaves en patrones de espera”. Un “patrón de espera” es el bonito eufemismo aeronáutico para “dar vueltas en círculos quemando combustible carísimo hasta que los dioses se apiaden o el sistema se reinicie”.
La cereza del pastel en este despropósito fue la aclaración de que la torre de control “tiene el pararrayos, tiene todo“. ¡Ah, perfecto! Entonces no fue un error de diseño, fue simplemente que el rayo era un rayo de categoría premium, uno que ignora las normas de la física y los sistemas de protección terrestres. Es “algo imposible de diagnosticar”, nos dice la explicación oficial. Lo cual es tremendamente tranquilizador. ¿Qué podría salir mal si la infraestructura crítica de un país es vulnerable a fenómenos “imposibles de diagnosticar”? Es como si un hospital se desconectara porque llovió fuerte. Nada de qué preocuparse, son solo protocolos en acción.
Al final, el episodio dejó al descubierto la delgada línea que separa la operación normal del caos aéreo total. Un sistema que depende de que un elemento impredecible, como un rayo, no decida visitar el lugar exacto donde no debe. Una red de control que se sostiene gracias al esfuerzo heroico de unos cuantos profesionales que se sienten ignorados. Y una población viajera que, una vez más, confirma que su plan de viaje más fiable es tener un plan B, un plan C, y una dosis generosa de humor negro para sobrellevar la próxima vez que el cielo, literalmente, les caiga encima.
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Nacional
Trump dice que seguirá en contacto con Machado
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó este viernes que planea mantener el contacto con la líder opositora venezolana, María Corina Machado.
Tras su encuentro del jueves en la Casa Blanca, Trump declaró que se trata de una mujer a la que “respeta mucho”. En esa reunión, Machado señaló que le transmitió al mandatario estadounidense que “hoy más del 90% de los venezolanos queremos lo mismo: vivir con libertad, dignidad y justicia”.
Los detalles del encuentro entre Trump y Machado
“Fue un gran honor para mí conocer a María Corina Machado, de Venezuela”, escribió Trump en una publicación en Truth Social. “María me presentó su Premio Nobel de la Paz por el trabajo que he realizado. Un gesto maravilloso de respeto mutuo”.
Nacional
Un triste hallazgo en la colonia que duerme entre calles con nombres festivos
El hallazgo de un cuerpo en la calle 23 de diciembre desató el protocolo habitual: cinta amarilla, curiosos y muchas preguntas sin respuesta.
La muerte llama a la puerta en la calle 23 de diciembre
Ah, la colonia 15 de enero. Un lugar tan festivo que incluso sus calles llevan nombres de fechas célebres. Pero ayer, en la calle 23 de diciembre, el regalo anticipado fue bastante más macabro: el cuerpo sin vida de un hombre. Porque nada dice “espíritu navideño” como encontrar a alguien que ya no respira sobre un colchón en la vía pública.
Los vecinos, esos héroes anónimos del cotilleo barrial, fueron los primeros en notar que algo andaba mal. Su radar de chismes se activó cuando vieron que el individuo en situación de calle que usualmente dormía allí llevaba demasiado tiempo quieto. ¿Estará profundamente dormido o profundamente muerto?, debieron preguntarse. Ante la duda, y demostrando una eficacia envidiable, optaron por lo más sensato: marcar al 911. Más vale prevenir que lamentar, ¿no?
Vecinos del lugar refieren que el hoy occiso es un individuo en situación de calle que comúnmente dormía en esta calle, por lo que se les hizo extraño ver que no se movía.
Así comenzó el circo. Llegaron los paramédicos de la Cruz Roja, confirmaron lo obvio —que efectivamente, estaba muerto— y dieron parte a las autoridades. Porque ese es el protocolo: tú encuentras el cuerpo, nosotros constatamos que es un cuerpo, y luego llamamos a los que se encargarán del cuerpo. Una cadena de mando perfectamente aceitada para gestionar la tragedia.
El despliegue oficial ante lo inevitable
No podían faltar. Los elementos de la Guardia Estatal y la Fiscalía General arribaron al sitio con esa mezcla de solemnidad y rutina que caracteriza estos eventos. Su misión: acordonar el área con esa cinta amarilla que tanto nos fascina y realizar las “indagatorias pertinentes”. ¿Pertinentes para qué? Para determinar, supongo, que un hombre sin hogar fue encontrado muerto en la calle donde solía dormir. Un misterio digno de Sherlock Holmes.
La calle fue cerrada. El tráfico, desviado. Todo debe detenerse mientras se realiza el levantamiento del cadáver y la necropsia de ley. Porque la burocracia de la muerte es implacable: formularios, procedimientos, esperas. Se estima que el cierre durará “un par de horas”, aunque todos sabemos que ese “par” puede estirarse más que un chicle pegado en el pavimento.
Y mientras tanto, ¿qué sabemos? Poco. Que era un hombre. Que aparentemente tenía lesiones en su cuerpo. ¿De qué tipo? No se especifica. Podrían ser desde moretones hasta señales de algo más siniestro. El comunicado oficial es tan vago que da pie a toda clase de especulaciones innecesarias y morbosas. ¿Se cayó? ¿Lo empujaron? ¿Le dio un patatús después de una cena cuestionable recuperada de un contenedor? El silencio oficial es el mejor aliado de la imaginación popular.
Lo más irónico del asunto es el escenario: una colonia llamada 15 de enero, una calle llamada 23 de diciembre. La muerte no respeta calendarios ni nomenclaturas festivas. Se instala donde quiere, incluso entre calles cuyo nombre evoca regalos y propósitos de año nuevo.
Al final del día, queda una pregunta flotando en el aire cargado de indiferencia urbana: ¿cuántas personas deben morir en el anonimato antes de que su paseo sea algo más que una nota policial breve? Hoy fue un hombre sin nombre en la calle 23 de diciembre. Mañana podría ser cualquiera.
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Nacional
Diplomacia vaticana: reunión clave mientras la visita papal flota en el aire
El embajador en El Vaticano se reúne con Segob mientras la invitación al papa sigue en el limbo. ¿Visita papal o eterna espera?
La diplomacia mexicana con el Vaticano: mucho protocolo, poca confirmación y un papa en standby
Ahí va la cosa. Este martes, Alberto Barranco Chavarría, nuestro embajador ante la Santa Sede –sí, ese puesto existe y alguien lo tiene–, se sentó con Rosa Icela Rodríguez de Gobernación y Clara Luz Flores de Asuntos Religiosos. La agenda: revisar los asuntos bilaterales. O sea, la relación México-Vaticano, que suena a trama secundaria de una serie política pero aparentemente es importante.
“Siempre respetuosa y constructiva”, dijo Rodríguez sobre la reunión.
Traducción millennial: “Nos llevamos bien, no hubo drama, pero tampoco anunciamos nada espectacular”. Es el equivalente diplomático a poner “✨” en una historia de Instagram.
Pero hablemos de lo que todos queremos saber: ¿Y el papa? ¿Cuándo viene? Porque resulta que la presidenta Claudia Sheinbaum ya le extendió la invitación a León XIV –no confundir con los reyes franceses del pasado– durante una llamada por el Día de la Virgen de Guadalupe. Un movimiento clásico. El problema es que, desde entonces, la confirmación brilla por su ausencia.
El eterno ‘tal vez’ de la visita papal
La semana pasada, Barranco Chavarría estuvo por México para una reunión de embajadores y dejó caer esta perla:
“No hay todavía una respuesta”, dijo el embajador sobre la posible visita.
O sea, ni sí ni no, sino todo lo contrario. El Vaticano tiene a México en “visto”, como ese mensaje importante que nunca contestas. Sheinbaum misma comentó el 15 de diciembre que aún no había fecha. Así que seguimos en modo espera, con la incertidumbre como único plan confirmado.
El contexto importa: Una visita papal no es cualquier cosa. Requiere logística monumental, seguridad extrema y una agenda que equilibre lo espiritual con lo político. Además, León XIV lleva poco tiempo en el cargo –sí, es un nombre curioso para un papa moderno– y probablemente está priorizando otros frentes. Pero para México, especialmente con la devoción guadalupana, sería un evento de primer orden.
Mientras tanto, las reuniones como la de hoy sirven para mantener los canales abiertos. Para asegurar que, cuando (o si) llegue el sí del Vaticano, todo esté listo. Es diplomacia en su estado más puro: mucha preparación para un evento que puede o no ocurrir.
¿Qué sigue? Seguir esperando. La bola está en la cancha del Vaticano. Mientras tanto, México sigue haciendo su tarea: reuniones formales, declaraciones cuidadosas y ese optimismo cauteloso que caracteriza a las relaciones internacionales cuando hay mucho en juego pero pocas certezas.
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