El telón se abre con un abrazo
El miércoles por la mañana, en Hermosillo, el aire frío fue testigo de algo que parecía imposible. Yesenia Colón volvió a ver a su hija Wendy después de casi cuatro años. La joven, originaria de Chilpancingo, Guerrero, había sido reportada como desaparecida desde noviembre.
Su historia es la de miles. Viajó al norte con la esperanza de un trabajo en los campos agrícolas y un futuro mejor. Pero el guion que le vendieron era una mentira.
La red que nunca se rinde
El reencuentro no fue casualidad. Fue el resultado del martes 10 de marzo, cuando el colectivo Madres Buscadoras de Sonora, liderado por Ceci Patricia Flores, realizó una búsqueda en vida. Trabajaron con fichas difundidas y coordinaron con la Fiscalía del Estado.
“Después de tres largos años de incertidumbre, dolor y esperanza, hoy compartimos una noticia que nos llena el corazón”, expresó Ceci Flores.
Wendy fue localizada con vida en el Cereso de Hermosillo. Su madre viajó desde Guerrero al recibir la noticia. Entre lágrimas, Yesenia agradeció: “Gracias a todas ustedes. Sin su apoyo esto no hubiera sido posible”.
Pero este final feliz es solo un acto en una tragedia nacional mucho más grande.
El anzuelo de las falsas promesas
Ceci Flores lo dice sin tapujos: el sistema de reclutamiento o “enganche” en el sur opera con narrativas falsas. “Les bajan el cielo y las estrellas”, advierte.
Prometen departamentos equipados, buenos sueldos y prestaciones. La realidad es otra:
- Dormitorios en el suelo.
- Retención de documentos.
- Desconexión total que borra identidades.
“Muchos terminan en situación de calle o en vicios por la falta de comunicación y el robo de sus documentos”, reveló Flores.
Wendy tuvo suerte. Fue encontrada. Su hija, ahora de 11 años, recupera a su madre. Pero la obra continúa para las Madres Buscadoras.
“Mientras falte uno, la búsqueda no termina”, sentenció Flores.
Con un humor que solo nace del dolor profundo, bromeó sobre Wendy: “Ya está regañada… porque no puede ser que pierdan los números y no se comuniquen”.
Wendy y Yesenia ya emprendieron el viaje de regreso a casa. Se van con una promesa: no volver a caer en los engaños. Se van con la paz de saber que la mesa ya no tendrá una silla vacía.
Mientras tanto, en Hermosillo, las Madres Buscadoras preparan palas y teléfonos. Esperan la siguiente llamada. Porque mientras haya una familia esperando, el teatro del dolor no puede bajar su telón.




