El teatro de la negociación cambia de escenario
Este lunes empieza lo bueno. Marcelo Ebrard, nuestro secretario de Economía, se sienta con Jamieson Greer, el representante comercial estadounidense. Es la primera ronda formal bilateral rumbo a la revisión del T-MEC. Pero algo huele distinto.
El telón se abre sin el elenco completo. Canadá no estará en esta función. Y hay otra ausencia que habla más fuerte: los líderes del sector privado mexicano no viajan a Washington D.C. para acompañar al gobierno. Se quedan observando desde la butaca.
“No tengo conocimiento de que nos hayan invitado a las rondas de revisión”, dijo Octavio de la Torre de Stéffano, presidente de Concanaco-Servytur.
Su declaración es un golpe seco sobre la mesa. Aunque matiza que sí recibieron invitación para reuniones esta semana, el mensaje es claro: el empresariado no está en primera fila como antes.
¿Y qué se negociará?
Los temas sobre la mesa son jugosos: sustitución de importaciones desde fuera de Norteamérica, reglas de origen y seguridad de las cadenas de valor. Traducción: cómo blindarnos económicamente en un mundo convulso.
El sector privado mandará técnicos y especialistas para apoyar en lo sectorial. Pero los grandes nombres, los que suelen aparecer en las fotos protocolarias, brillan por su ausencia.
“Los datos ‘no se van a sacar de un sombrero'”, reconoció De la Torre sobre la necesidad de información empresarial.
Aquí está el drama político: mientras los técnicos trabajan, el reloj electoral estadounidense corre implacable. Las elecciones legislativas allá condicionan cada movimiento aquí.
La política siempre se cuela por la ventana. El directivo empresarial lo dijo sin tapujos: hay que considerar los calendarios políticos, especialmente cuando el control del Congreso estadounidense está en juego.
Su deseo final resume la esperanza de todos: que la revisión sea “integral e inmediata” y que lance “un mensaje de que… fue exitosa”.
Mientras tanto, Ebrard carga con la responsabilidad sola frente a los estadounidenses. Un diálogo a dos voces donde cada palabra pesa como plomo.




