Una jugada en el tablero global del turismo
La presidenta Claudia Sheinbaum acaba de mover una ficha importante. Anunció que a partir del 1 de febrero de 2026, los boletos del Tren Maya se venderán en Europa. Es un acuerdo entre la Sectur, el propio tren y la empresa Flix.
“Es parte de los acuerdos que logró Josefina (Rodríguez) en acuerdo, obviamente, con la empresa Tren Maya”, detalló Sheinbaum.
¿La estrategia? Capitalizar el creciente flujo de visitantes europeos que ya vienen a maravillarse con sitios como Calakmul. La apuesta es clara: desviar una parte de esa atención —y ese dinero— hacia la ruta del sureste.
La meta ambiciosa detrás del anuncio
Aquí es donde entra el personaje clave: Josefina Rodríguez, la secretaria de Turismo. Sheinbaum no escatima elogios hacia su labor, revelando el objetivo real que impulsa todo esto.
“Ella se puso una meta que México fuera el quinto país con mayor número de turistas en el mundo”, explicó la presidenta.
Para lograrlo, Rodríguez está presionando donde duele: en los trámites. Busca que la SRE amplíe y agilice la emisión de visas para visitantes de más países. Es un reconocimiento tácito de que la infraestructura física (el tren) es inútil sin la infraestructura burocrática (el permiso para llegar).
La venta se hará a través del sitio web, la app y los puntos físicos de Flix. Un detalle que parece técnico, pero que es vital. Facilita el acceso y normaliza al Tren Maya como un producto turístico internacional más.
Mientras tanto, Sheinbaum aprovecha para soltar un dato contundente dirigido al norte: 14 millones de turistas estadounidenses llegaron el año pasado. Es un recordatorio para todos, dentro y fuera del país, del peso económico que tiene este sector.
El mensaje final es claro. Esto no es solo sobre vender asientos en un tren. Es una pieza más en la campaña por reposicionar a México en el mapa mental del viajero global. El teatro de la política turística tiene un nuevo acto, y su estreno está programado para 2026.




