La presidenta y la carta que no ha leído
En el escenario principal de Palacio Nacional, Claudia Sheinbaum dio una respuesta que muchos calificarían de guion teatral. Le preguntaron por la carta desesperada del vicealmirante Manuel Roberto Farías Laguna, quien denuncia una fabricación de delitos. Su respuesta fue directa: no la ha visto.
“Sí, sí confío”, afirmó sin titubear cuando se le cuestionó sobre la veracidad de las acusaciones de la Marina y la Fiscalía. En ese momento, el peso de las instituciones pareció más sólido que el grito de auxilio escrito en un papel.
Su plan, dijo, es claro. En cuanto esa misiva llegue a sus manos, irá directo a la Fiscalía General, a cargo de Ernestina Godoy. “Lo tiene que contestar la Fiscalía”, sentenció, dibujando una línea clara entre el poder político y el judicial.
El clamor desde una celda
Mientras tanto, las palabras del vicealmirante retumban desde otro acto de este drama. En su carta pública, Farías Laguna describe un proceso “viciado y politizado”, donde su baja de la Marina fue irregular.
“Ya que mantenerme en una celda en medio de un proceso viciado y, en ocasiones hasta perverso, parecería más un ánimo de venganza que de justicia”
Esa frase resume su desesperación. No pide clemencia, pide intervención presidencial para que, según él, no se fabriquen culpables donde solo hay un militar acusado de desvío de recursos.
Sheinbaum confía en las autoridades. Farías clama contra ellas. El público observa cómo se desarrolla este caso que toca fibras sensibles: justicia, transparencia y el siempre delicado equilibrio entre las fuerzas armadas y el poder civil.




