El campo se planta (literalmente) en la carretera
Parece que en Zacatecas han decidido que la mejor forma de regar los cultivos es con el sudor de la frente… de los automovilistas atrapados en un embotellamiento monumental. Con la elegancia de un elefante en una cacharrería, varios contingentes de productores agrícolas han convertido sus tractores en herramientas de protesta política, bloqueando los principales accesos viales federales del estado. Las gloriosas casetas de peaje de Calera, Osiris y Las Arcinas ya no son solo un lugar para pagar y sufrir, sino el escenario perfecto para una obra de teatro social con maquinaria pesada de reparto. Imaginen la escena: filas interminables de camiones y coches, mientras los verdaderos dueños del terreno, los tractores, hacen lo que mejor saben: ocupar espacio.
Los artistas de esta performance son los integrantes de la Unión de Pozos Agrícolas de Zacatecas, quienes, en un arranque de puntualidad envidiable, se movilizaron desde temprano para estacionar su parque móvil de labranza en las vías más estratégicas. Su caravana no iba hacia un sembradío, sino hacia un objetivo más contundente: paralizar las entradas a la capital y las cruciales rutas de las carreteras federales 45 y 54. Porque, ¿qué mejor manera de ser escuchados que impedir que nadie llegue a ningún lado? Una estrategia de comunicación, sin duda, innovadora.
Consecuencias colaterales y avisos a navegantes aéreos
La reacción de las autoridades no se hizo esperar, aunque quizás los conductores sí. Ante el caos vial en la federal 45, el Aeropuerto Internacional de Zacatecas emitió un aviso a los pasajeros. Su mensaje, una joya del eufemismo burocrático: “programen con anticipación sus salidas”. Traducción: “su vuelo despega en 3 horas, pero llegar aquí desde la ciudad puede llevarles 6, así que ármense de paciencia y un buen audiolibro”. Mientras tanto, los manifestantes, en un gesto de conmovedora magnanimidad, valoran la posibilidad de abrir la circulación diez minutos cada hora. ¡Toda una limosna de movilidad! Admiten, claro está, que se vieron “obligados” a endurecer las medidas. Porque en el catálogo de opciones para dialogar, entre “envíen un oficio” y “paralicen un estado”, siempre se elige la que más impacta en el noticiero.
La raíz del problema: ¿Agua para todos o campos secos?
¿Y cuál es el motivo de este simpático desmadre? Nada menos que la reforma a la sagrada (y polémica) Ley de Aguas Nacionales. Los labriegos argumentan, con cierta lógica dramática, que los cambios legislativos los afectarían fuertemente, porque Zacatecas –sorpresa– no tiene las mismas condiciones hídricas que, digamos, Tabasco. Su exigencia: un estudio de disponibilidad antes de aprobar nada. Una petición que, uno pensaría, debería ser el paso previo a cualquier reforma, no la consecuencia de un bloqueo. Pero, ¿dónde estaría la diversión en hacer las cosas en orden?
Además, señalan que la iniciativa les obligaría a devolver las concesiones al Estado y complicaría hasta el infinito su renovación con una maraña de requisitos administrativos. Para rematar el idílico panorama, la eliminación de los subsidios a la cuota energética ha provocado una “gran descapitalización del campo”. En cristiano: sembrar se ha vuelto tan caro que quizás sea más rentable usar el tractor para bloquear carreteras. Una triste metáfora de cómo, a veces, la lucha por los recursos vitales termina ahogando la normalidad de todo un estado.
¿La moraleja? Cuando el campo se enoja, no lanza tomates… aparca tractores. Y la ciudad, que depende de su comida, se queda atascada en el humo del diesel y la desesperación, reflexionando sobre el precio real del agua y el alimento.
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