La versión oficial frente a la teoría conspirativa
La Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) acaba de dar un portazo a las afirmaciones del consultor estadounidense Peter Schweizer. En un comunicado directo, calificaron sus acusaciones como “falsedades carentes de sustento”. Nada más, nada menos.
Schweizer, en su libro El golpe invisible, lanza una bomba: asegura que las embajadas y consulados mexicanos buscan que los migrantes influyan en decisiones políticas estadounidenses. Para rematar, vincula esto con supuestos intereses de China y la “hermandad musulmana”. Los medios conservadores estadounidenses ya están amplificando el ruido.
“La labor de la diplomacia mexicana se limita a la asistencia consular y a la promoción de relaciones económicas y culturales”, enfatizó la SRE.
Traducción: hacemos exactamente lo mismo que hace Estados Unidos en México. Nada de intervención directa o indirecta. La defensa de los derechos de los migrantes, insisten, no es acción política.
Libros de texto y batallas culturales
El consultor también cuestiona la distribución de libros mexicanos a estudiantes en Estados Unidos. Alega que fomentan la identidad mexicana sobre la estadounidense. Aquí entró también la Secretaría de Educación Pública para aclarar: son materiales para apoyar la educación de hijos de migrantes y promover el español. Punto.
México recordó algo que parece olvidarse cada ciclo electoral: su Constitución prohíbe meterse en asuntos soberanos de otros países. Con más de 38 millones de ciudadanos viviendo al norte, el mensaje es claro: proteger derechos sí, interferir en política no.
La pregunta que queda flotando es por qué resurgen estas teorías justo ahora. ¿Memoria selectiva o estrategia conveniente? La historia se repite, pero los titulares cambian.




