La presidenta mueve sus fichas
Claudia Sheinbaum no pierde tiempo. Apenas Rubén Rocha pidió licencia —acusado desde Washington por presuntos nexos con el narco— y ya ordenó a su Gabinete de Seguridad viajar a Sinaloa. La misión: sentarse con la nueva gobernadora interina, Yeraldine Bonilla Valverde, y dejar claro que el gobierno federal toma el control.
“Pedí, instruí al Gabinete de Seguridad… que asistan al estado de Sinaloa para reunirse con la gobernadora interina y poder explicarle cuál es el proceso de coordinación que tenemos”, declaró la mandataria.
Mano firme en tierra caliente
La jugada es directa: Omar García Harfuch, el general Ricardo Trevilla y el almirante Raymundo Pedro Morales Ángeles —los tres pesos pesados de la seguridad nacional— aterrizarán en Culiacán para apuntalar la estrategia. Sheinbaum lo dice sin rodeos: “Es importante que frente a este cambio de gobierno… el Gabinete de Seguridad federal esté presente y fortalezca las actividades de coordinación, de ayuda y protección al pueblo”.
Bonilla, que venía siendo secretaria de Gobierno, conoce el terreno. Pero ahora es otra cosa. La presidenta quiere que tanto ella como la ciudadanía sinaloense sepan que las fuerzas federales no se mueven de ahí. Que la coordinación se va a reforzar. Que esto no es un relevo cualquiera.
El drama detrás del movimiento
Aquí no hay espacio para titubeos. Rocha se fue en medio de un escándalo que huele a presión gringa, y Sheinbaum responde con un mensaje claro: el Estado mexicano no se arruga. Enviar a los jefes de seguridad en persona no es un gesto menor. Es una declaración de que Sinaloa —y su delicado equilibrio— está bajo vigilancia federal directa. La pregunta que queda en el aire: ¿será suficiente para calmar las aguas?




