La espera (y el escepticismo) por los aranceles
La presidenta Claudia Sheinbaum confirmó lo que muchos en el sector ya sospechaban: hay rumores de que Washington podría revisar los altísimos impuestos al acero y aluminio mexicanos. Pero, como suele pasar con estas noticias, el diablo está en los detalles. O más bien, en la falta de ellos.
“Hemos estado leyendo y algo le mencionaron al secretario Ebrard. Aún no tenemos algo muy concreto”
Ahí lo tienen. La clásica fórmula de “nos dijeron algo, pero no tenemos nada oficial”. Sheinbaum admitió que Marcelo Ebrard, titular de Economía, recibió estos comentarios del gobierno estadounidense. El problema es que en diplomacia comercial, hasta que no está firmado y sellado, todo es humo.
Lo curioso es el timing. ¿Por qué ahora? ¿Es un gesto previo a las elecciones en noviembre? ¿Una presión sutil? La mandataria fue cuidadosa: dijo que México lleva años pidiendo esta revisión.
El costo real de una tarifa del 50%
Sheinbaum puso el dedo en la llaga al recordar la cifra clave: 50%. Esa es la brutal tarifa actual. No es solo un número en un papel.
“Muchos de estos aranceles le impactan mucho a los estadounidenses porque elevan los precios y aumentan la inflación”
Aquí está lo interesante. En lugar de quedarse en el discurso victimista, señaló cómo estos impuestos también le pasan factura a la economía del norte. Es un juego donde todos pierden.
El daño va más allá del metal puro. Afecta a productos derivados que ya están integrados en equipos y cadenas productivas completas. Un desastre logístico y económico.
La postura oficial es de cauteloso optimismo. “Sería muy bueno”, repitió Sheinbaum. Pero entre líneas se lee otra cosa: hemos escuchado promesas antes. Hasta que no haya un documento con membrete y firma, esto sigue siendo otro capítulo de la larga novela comercial entre dos vecinos con memoria corta para los acuerdos rotos.




