México responde a Trump: Del “cuartito de junto” a la mesa grande
Parece que el vecino del norte ha decidido que la mejor forma de empezar un jueves es lanzando un cubo de agua fría comercial a medio mundo. Donald Trump, en un arrebato de esa sutileza diplomática que lo caracteriza, anunció una nueva tanda de aranceles. Y, oh sorpresa, México está en la lista, aunque según nuestras autoridades, es como estar en un club exclusivo pero masivo, porque “son aranceles a muchos países”. Qué alivio, ¿no? No es personal, solo business.
Ante esta joya de la política económica, Marcelo Ebrard, nuestro titular de la Secretaría de Economía, ha salido al quite con la calma de un bombero tratando de apagar un incendio con un vaso de agua. Su estrategia inmediata: comunicación. Resulta que desde ayer mismo están hablando con la oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR, para los cuates). El objetivo, nos dice el señor secretario con una paciencia envidiable, es “tener claridad”. Porque, claro, cuando Trump anuncia algo, la claridad es lo que sobra. Seguro los detalles vienen en un PDF con letra tamaño 8 y fuentes decorativas.
Ebrard, con la elegancia de un diplomático que evita pisar el charco, comentó: “Al día de hoy vamos a tener claro qué es lo que significa, exactamente cómo se va a aplicar”. Traducción: “Ahorita mismo no tenemos ni la más remota idea, pero haremos como que sí para no asustar a los mercados”. Prometió que para la próxima semana presentarán sus argumentos. O sea, el plazo para hacer la tarea después de que el profesor ya repartió las palizas.
Adiós “cuartito de junto”, hola consultas express
Pero no todo son malas noticias en el fascinante mundo de la economía mexicana. ¡Llegan cambios! Resulta que el famoso Cuarto de Junto, ese lugar místico donde se reunía una élite de seis a ocho iluminados para decidir el futuro comercial del país, ha sido jubilado. Ahora, en un arranque de democratización radical, las consultas al sector privado se harán por estados. Ebrard lo anunció con el entusiasmo de quien descubre la rueda: “No va a haber un ‘cuartito de junto’… esto va a ser más abierto”.
Imagínense la escena: ya no más reuniones clandestinas en un cuartito que suena a lugar para guardar escobas. Ahora será una fiesta interestatal donde, teóricamente, más sectores podrán opinar. Aunque uno se pregunta si, al final, terminarán escuchando igual a los de siempre, pero con más logística involucrada. Ebrard justificó el cambio con un argumento impecable: “hay 30 sectores a consultar”. Vaya, ¿y antes no se habían dado cuenta? Parece que la transparencia llegó, aunque sea a regañadientes.
Y mientras tanto, con China: “No es personal, es el déficit”
Para redondear el día, el secretario también tuvo tiempo de atender otro asuntito: una reunión con la Embajada china. Aquí la estrategia fue diferente. Nada de rodeos. La misión: aclarar que los aranceles que México quiere aplicar a productos chinos no tienen intenciones políticas ocultas. ¡Para nada! Es solo que el déficit comercial se disparó un 83% entre 2020 y 2025. Una cifra tan bonita y redonda que casi parece inventada, pero que Ebrard soltó con la convicción de un contador en día de pago.
Según el relato oficial, nuestro secretario le soltó al embajador chino: “El motor de estas decisiones es proteger algunas industrias de México y cuidar nuestra balanza con el exterior”. O sea, “querido embajador, no es que no nos gusten ustedes, es que nos están comprando demasiado… o wait, nos venden demasiado… en fin, que el número rojo es muy grande”. Les explicó amablemente que ese ritmo de crecimiento del déficit es “insostenible”, un eufemismo elegante para decir “se nos está yendo de las manos”.
Lo más gracioso (o trágico, depende del cristal) es el timing. Todo esto sucede mientras el Proyecto de Presupuesto 2026, que incluye estos aranceles para países sin tratado comercial, espera su turno para ser aprobado por los diputados. Ebrard espera “comentarios” de China antes del 20 de octubre. Vamos, un plazo cómodo para resolver un tema que podría alterar los flujos comerciales globales. Nada como la presión de una fecha límite legislativa para incentivar el diálogo.
En resumen, la semana de la Secretaría de Economía ha sido un hervidero: descifrando los caprichos arancelarios de Trump, desmantelando el cuartito de las consultas VIP y explicándole a China que todo es por un numerito en una hoja de cálculo. ¿El resultado? Un cóctel de diplomacia, burocracia y un punto de surrealismo que solo la política comercial puede ofrecer. Ebrard, por su parte, navega estas aguas con la serenidad de un pato: calmado en la superficie, pero pedaleando como loco bajo el agua. Y así, entre reuniones y aclaraciones, se construye la épica relación comercial de México con el mundo.
¿Te intriga el futuro de estas negociaciones? Comparte este análisis en tus redes sociales y mantente al tanto de cómo se desarrolla este pulso económico. Explora más contenido sobre las relaciones internacionales de México en nuestro sitio.




