La Austeridad como Nuevo Grito de Guerra
Parece que la consigna este año no será ¡Viva México!, sino ¡Viva la Austeridad! En un giro que nadie vio venir (o quizá todos, porque es el discurso de siempre), la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo ha decidido que la celebración más icónica del país, el Grito de Independencia, merece un tratamiento tan sobrio que casi roza lo aburrido. Anunció, con la solemnidad de quien revela un secreto de estado, que la ceremonia en el Zócalo capitalino será “muy austera, muy muy austera”. ¿Tan austera que tendremos que imaginar los fuegos artificiales? ¿Tan sobria que el campanazo será un susurro?
En su conferencia mañanera, un ritual tan predecible como el propio Grito, la mandataria detalló que el evento estará esencialmente compuesto por los integrantes de su gabinete legal. Vaya, una fiesta íntima… de unas cuantas decenas de personas en una plaza que alberga a cientos de miles. Porque nada grita “independencia” y “pueblo” como una reunión privada de funcionarios en el espacio público más grande de Latinoamérica. La ironía es tan densa que se podría cortar con una espada ceremonial.
El Desfile: Donde la Austeridad se Toma un Descanso (Pero Solo un Poquito)
Pero no todo será pan y agua en la conmemoración patria. Al día siguiente, para el desfile cívico-militar, la austeridad parece hacer una pausa estratégica. Sheinbaum aclaró que para este evento sí se extenderán invitaciones a los representantes de los Poderes Legislativo y Judicial, así como a los embajadores extranjeros. ¡Menos mal! Por un momento pensamos que los iban a saludar desde una ventanita por Zoom. Al menos los diplomáticos podrán presenciar en persona nuestro espectáculo de unidad nacional… estrictamente dividida por poderes e invitaciones.
La pregunta del millón que flota en el aire, más pesada que un sombrero charro, es: ¿por qué la diferencia? ¿Acaso el gabinete no es suficiente para el desfile? ¿O es que los embajadores necesitan impresionarse con tanques y soldados, pero no con la visión austera de un gobierno que predica con el ejemplo? La coherencia, al parecer, también está en modo de ahorro.
Y para romper con la solemnidad de tanto recorte festivo, la semana pasada se anunció el acto más revolucionario de todos: la elección del grupo musical. La Arrolladora Banda El Limón será la encargada de “amenizar” la velada. Porque nada dice “reflexión sobre los sacrificios de los héroes que nos dieron patria” como los sonidos de la tambora y el acordeón. Es una elección tan popular como inesperada, un guiño al pueblo llano en medio de una ceremonia que les ha cerrado la puerta. Un brindis con tequila imaginario, si se quiere.
Uno no puede evitar maravillarse ante el genio político de la situación. Se reduce la ceremonia a su mínima expresión, pero se contrata una banda famosa. Se limita el acceso al pueblo, pero se invita a los embajadores a ver el desfile militar. Es un mensaje tan claro como el agua de limón: la prioridad es la imagen internacional y la demostración de fuerza, mientras la celebración popular se reduce a una reunión de trabajo con banda sonora. ¡Viva la contradicción!
En definitiva, este Grito de Independencia promete ser un estudio de caso sobre la semántica del poder. ¿”Austero” significa recortar lo superfluo o simplemente alejar al público? ¿Es una medida de verdadera contención presupuestal o un acto simbólico para marcar distancias con administraciones pasadas más derrochadoras? Las especulaciones están servidas, y son más sabrosas que cualquier platillo típico que se pueda imaginar en la plaza vacía.
Así que ya lo sabes. Este 15 de septiembre, mientras el Zócalo luzca inusualmente despejado, tú podrás vivir la experiencia completa desde tu casa. Imagina el discurso, imagina los vítores, imagina la banda… porque la esencia de la fiesta, al parecer, ahora es etérea y, sobre todo, muy, muy austera.
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